jueves, 3 de septiembre de 2009

Puede Ocurrir, Fayad Jamís

Todo esto y mucho más puede ocurrir y
ocurriría sin duda
si tan sólo dedicaras unos minutos a sentir
lo que te rodea,
si dejaras que el mundo participara
plenamente de tu mundo,
si conocieras el hermoso poder de escribir 
un poema.



Puede ocurrir, Fayad Jamís.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Entrevista a Caliche Caroma

Por Francisco Méndez

  Según sus propias palabras, Caliche Caroma nace en Morelia, Michoacán el día 21 de octubre del año 1983, bajo el feo nombre de Carlos Rojas Martínez. Una vez alcanzada la adultez, su nombre fue sustituido por el seudónimo ‘Caliche Caroma’. Creció en el barrio de Prados Verdes (Prados Mueres), donde tuvo sus primeras peleas y amores.

  Estudiante de filosofía sin titular ( y sin miras a titularse), publicó en el extinto 2014 dos libros: “Prisa. Genuflexiones Verbales para toda ocasión” y “Todo y siempre, casi y quizás”. Ha colaborado en las revistas Hilo, Revés y Clarimonda. Actualmente colabora enSilabario y la editorial Jitanjáfora lo incluyó en la antología “Narradores Emergentes”. Se autoevalúa como un percusionista mediocre y extraña a su amigo José Ruiz Maldonado, muerto en diciembre pasado. El mar le arrebató su existencia y Caliche se reconcilia con el mar.

¿Qué le apasiona?

R. Me apasiona la vida, vivir es una aventura, una aventura peligrosa y divertida, a veces triste. La lectura, los libros, son el vehículo fantástico en el que me muevo en esta carretera vital.

¿Qué está leyendo actualmente?

R. Leo “Benito Cereno” de Melville.

¿Qué temas son recurrentes en su obra?

R. La muerte, porque, como dice Heidegger, desde que nacemos estamos preparados para morir. Y lo digo no como algo fatalista, no me corto las venas con un bolillo, más bien lo pienso como un recordatorio de mi finitud, con el corazón en la mano escribo, vivo en la orilla, la muerte siempre presente en lo que digo y escribo.

¿Hay algún libro o película que haya marcado su quehacer artístico?

R. Varios, digo, esta pregunta es un lugar común, cuando me preguntan esto me saco un poco de onda, ¿cómo contestar? La obra de Reinaldo Arenas marcó mi vida profundamente. Menciono un libro: “Un redoble muy largo” de Manuel Echeverría. Soy un cinéfilo, lo confieso. Cronenberg, Kurosawa, Tarkovsky, el cine me ha enseñado tantas cosas, como dice mi buen amigo Jaime, “el cine es el espejo humeante”; una película importante para mí es “Bajo California. El límite del tiempo”, del director Carlos Bolado.

Recientemente, ¿Qué muestra artística le resultó sorprendente?

R. La Librósfera. Memoria, letras y resistencia. Porque este evento que organizamos en diciembre (del 10 al 14 en Jeudi 27 y Cactux Bar) fue algo mágico, sorprendente que con muy poco presupuesto se armó el encuentro, Librósfera se logró a base de empeño y buenas voluntades, y tuvo contenido de calidad. Algunas de las personas que participaron en él fueron: Armando Vega gil, Paco Barrio “El Mastuerzo”, Damiana Leyva, Óscar Molina, Jaime Vieyra, Ramón Méndez Estrada, entre otros.

¿Qué actividad encuentra particularmente placentera?

R. Comer, viajar, leer y por supuesto, el sexo.

¿Qué escritor le asombra?

R. Reinaldo Arenas.

¿Qué música le alegra?

R. El son, todo el son.

¿Qué le irrita?

R. La burocracia, los partidos políticos, los concursos literarios.

¿Colecciona algo?

R. Fotografías mentales.

¿Qué bebida prefiere?

R. Mezcal.

En una palabra, ¿Cómo definiría a Morelia?

R. Bombelia.

Facebook:

Fotografía


Fotografía de Raquel Almaguer



Fotografía de Alejandro Ávila Flores



Fotografía antigua intervenida por Raquel Almaguer.



Fotografía de Caliche Caroma



Imagen digital de Raquel Almaguer

viernes, 7 de agosto de 2009

La muerte es ranchera

  Dicen los arrieros de almas que la  muerte vive en el cerro de las ilusiones, en lo alto de toda expectativa. La muerte es ranchera, montaraz, pero baja seguido al pueblo de las miserias. Su tarea acá abajo es poner un poco de  tensión en la cuerda floja del vivir. No será raro encontrar  horizonte mortal al caer, el horizonte vertical de la caída, ahí la vemos observándonos. Al rato ya estamos viviendo de cabeza. Las  frías manos que escriben invierno no se están sosiegas, nos gusta la muerte en verano, con hongos y lluvia. Visitamos sus tierras cada año. Asesinados con sal para conservar el país, nos quieren dar miedo esos enemigos de la muerte, los que se aferran al fierro de la vida. El interés por la muerte es como un pariente cercano que no vemos hace tiempo, pero le extrañamos. Y sonarán las campanas de la última misa. Nacionalismos católicos pedorros, la muerte es atea, bucólica y alcohólica. La muerte es ranchera y te parte tu madre.

Greenaway dice




"El cine ha muerto, ¡que viva el cine!", así habló Peter Greenaway el día viernes treinta y uno de julio de dos mil nueve en la conferencia que dio en el Centro de Convenciones y Auditorio del Estado de Guanajuato. El Festival Internacional de Cine Expresión en Corto (GIFF), le rindió homenaje al artista inglés. El director de 8 ½ Women pronosticó la muerte del cine tal y como lo conocemos hasta ahora, hizo énfasis en este punto, parafraseo como recuerdo, no podemos seguir viendo películas como lo hemos hecho hasta ahora. Invitó a "salir del rectángulo y buscar nuevas formas de interacción.

"El cine no tiene que ser la adaptación en imágenes de una obra literaria", Greenaway pidió que nos olvidáramos de la narrativa tradicional. El cine tiene un lenguaje propio, suyo y de nadie más, un lenguaje que danza. Bailar con el cine, dialogar con las palabras/imágenes que nos entrega el séptimo arte, no ser pasivos, activarse, proponer al espectador una ruta para que ande por ahí, curioseando, cine dinámico.

"Esto no es nuevo ni lo invento yo", hace diez años de estas palabras, en aquel entonces insistió en que las nuevas tecnologías como la internet, los celulares multifuncionales, etcétera, han desplazado al cine, la gente ya no va a las salas, si acaso lo hace es por la nostalgia de la gran pantalla. Sobre los festivales de cine, explicó que estos son una resistencia, y también una mafia ostentosa.

“Soy un cineasta de las masas, deseo hacer cine para el mayor público posible, pero quiero utilizar mis propios términos”, Greenaway no es un conformista, él mismo se lo dice, ha trabajado duro, su esfuerzo lo sitúa en esta forma de entender y explicar el cine. Continúa el hombre vestido de blanco, sombrero Panamá. El buen cine es inteligente, para acceder a él, para dialogar con él, tiene que haber un ejercicio, atención más interacción. Contra el aburrido ritual, sentarse frente a la pantalla rectangular durante aproximadamente dos horas, en silencio y con pocos parpadeos, incluso si hay lentes 3D o asientos que se mueven al ritmo de la película, contra esto, la propuesta de Greenaway.

Aunque habló en inglés durante toda esta charla, pudimos entenderlo bien los que ahí estábamos porque nos dieron unos traductores portátiles, cortesía del GIFF. El artista filosofó, otra vez el parafraseo como recuerdo: La vida es aquí, afuera, donde estamos los unos y los otros, mirándonos. El pintor, como se autonombró Greenaway hace una década, nos mostró parte de su trabajo más reciente, su página de juegos en línea e imágenes de pinturas renacentistas que Greenaway atesora con cariño.

En The Pillow Book (1996) se materializan las palabras de Greenaway. Hasta cuatro micro pantallas dentro de la pantalla principal con acciones diferentes cada una. La estructura narrativa realmente no importa y, sin embargo, conocemos las historias de los personajes, espiamos sus secretos, como en la escena donde el editor de libros visita al papá de la ¿protagonista?; los dos hombres se encierran, pero el biombo nos deja ver, junto a la hija, lo que está pasando ahí, el teatro de sombras y las genuflexiones perturbadoras.

Eisenstein fue mencionado una y otra vez, Welles y Godard, los renacentistas y sus tratados de la perspectiva, la pintura clásica y moderna, las masas y los multimedia. Y, como a modo de conclusión, aseguró que hay dos temas fundamentales en toda la creación artística toda, a saber, la muerte y al sexo.

El acto en sí

Tulse Luper VJ Performance. La noche del sábado primero de agosto, en la Alhóndiga de Granaditas, el cine murió. Estábamos, unos amigos y yo, en la parte de las escalinatas antes de que comenzara la masacre, fuimos los primeros en llegar. Lo que experimentamos: seis enormes pantallas y un sonido ubicuo. Comenzó el espectáculo de la muerte, la intensidad y fuerza de las imágenes y la música hablando un mismo idioma.

Greenaway llamó a la interacción, eso hicimos. Nos desplazamos de un lado a otro de las proyecciones, bailando al ritmo del trip hop fusionado con ópera, los sonidos incidentales nos llegaban de sorpresa; había un Dj en vivo que estaba al lado del director. La cascada de sensaciones nos empapó, el cine renacía. También contribuyó a esta opinión las cervezas, rones, churros y todo lo que nos habíamos metido, cada uno participa como mejor puede. No puedo presumir de tener un conocimiento profundo de los términos greenawanianos, pero algo entendía después de haber visto varias películas suyas y sirvió escuchar su conferencia un día antes. Me gusta todo tipo de cine, y éste que propone Greenaway, también.

Violencia, sexo y muerte, porque sí. La escena es brutal, golpean a alguien hasta el cansancio, esto pasa en todas las pantallas, no al mismo tiempo, en intervalos que se disfrutan. El sonido del golpe es seco, cae justo al inicio del ciclo rítmico, sentimos la dureza del puño del agresor, al mismo tiempo unas pequeñas pantallas en las que un hombre canoso no para de parlotear, mientras tanto la paliza sigue. Ésta fue una de las noventa y dos maletas que propone Greenaway para describir el mundo. Soldados y niños corriendo, un montón de gente haciendo un montón de cosas, todo esto en valijas que nos dan cuenta de lo que es, de lo que hay. Así habló la memoria.




domingo, 22 de marzo de 2009

La pesadilla de Darwin o El filete de Walmart





  En estos días de globalización, donde lo normal es la destrucción acelerada, tenemos que ver La Pesadilla de Darwin. Un poco de empatía, por lo que más quieran. Nos vamos para el continente negro, la maravillosa y terrible África. Llegamos a Tanzania Occidental, bajamos de nuestro cómodo avión, estamos en el pueblo de Mwanza. Aquí el contexto de la  historia: una especie exótica invasora es introducida en el Lago Victoria, el lago más grande del mundo, esto ocurre en los años sesentas. La Perca o Pértiga del Nilo causa un enorme desequilibrio en el ecosistema residente, en poco tiempo devora a las otras especies locales hasta el punto de volverse caníbal, cuando ataca a los pescadores, arrancándoles brazos y piernas. La Perca se exporta en forma de filete de pescado, principalmente a Occidente, al MundoWalmart. Por si esto no fuera poco, Tanzania también surte de prostitutas a los pilotos y  la tripulación de los aviones rusos que recogen la Perca. Estos aviones no vienen vacíos, traen armas, hay que aprovechar el viaje. Lo único que obtiene la población de estas transacciones es una gran crisis social, porque del pescado ni pensarlo, está vetado el consumo de pértiga para los tanzanos, vísceras y vértebras para ellos, es lo que hay. ¿De qué demonios estamos hablando? La Organización de las Naciones Unidas (ONU) y su supuesta ayuda humanitaria están presentes, pero sólo para avalar la felonía. El daño es irreversible, niñas y niños que pagan las consecuencias: imágenes desgraciadamente reales y crueles, muestran a infantes golpeándose unos contra otros por un poco de comida,  pero principalmente pelean por la droga que les permitirá sobrevivir un día más en ese infierno tropical. Sobrevivir drogados en las calles de Mwanza, Tanzania, pensemos en esto. Niños inhalado plástico derretido, es el empaque en el que se guarda la perca. La miseria y la soledad también se inhalan, y nosotros viéndolo desde nuestro sillón, en nuestra televisión, o computadora, a gusto, tomando Coca-cola: Life Tastes Good Whit Coca-Cola. El único sabor que conocen estos niños es el de la miseria, un chiste macabro, un lugar desgraciadamente común. La cuna de la humanidad, El Nilo, es ahora la cuna de la podredumbre, donde la esperanza es un puñetazo en la cara, una tierra de nadie. Problemas varios: gobiernos extranjeros irrumpen en la organización de Tanzania; se altera  exageradamente el medio ambiente por la codicia de unos cuantos, al punto de la devastación criminal; la economía depende cien por ciento de la empacadora y distribuidora de perca, empresa extranjera, por cierto; más de la mitad de la población de Tanzania son portadores del VIH; las mujeres, en su mayoría, se dedican a la prostitución. Esto es La Pesadilla de Darwin, no estaría de más pensarlo como una advertencia. ¿Vale la pena soñar por un cambio? Soñemos con esto. 


Título: La Pesadilla de Darwin
Dirección, guión, fotografía: Hubert Sauper
Duración: 107 minutos
País: Francia, Austria, Bélgica
Año: 2004

miércoles, 11 de marzo de 2009

En el d.f.





















  
Asistí al lugar de los monstruos de concreto, el gusano mecánico que tiene horadada la ciudad entera me devoró, no sin antes marearme hasta el vómito. Al anochecer, vi miles de luciérnagas, Lucifer de neón, hice la marcha hacia ningún lugar. Llegué al centro de la tradición, los abuelos ofrecían sus servicios afuera de catedral: albañil, plomero, poeta. Los coyoles y los huéhuetls levantaban las faldas de las extranjeras. Y vi castillos informes, una cascada de ruidos inconexos fornicaban en mis oídos, los míos y los de Moloch, el de las tortas de tamal. Smog y rocanrol. Pregunté por el sentido (meaning and learnig) del cosmopolitismo, la respuesta fue: ¡cámara carnal, estás en el Defe!