Los profetas culturales de los últimos tiempos
pregonan en cada esquina de esta ciudad
que sólo siguiéndolos podremos salvarnos
de la decadencia apocalíptica en la que vivimos
Pelean entre ellos para demostrar quién es más "verdad"
y son capaces de asesinar a sus hijos o comerse a su madre
con tal de que les creamos y nos unamos a su iglesia (partido)
Pero yo quiero hacerles algunas preguntas
desde lo más profundo del abismo de las dudas
saber qué libros han leído
saber qué música escuchan
a cuántas obras de teatro y óperas han asistido
quiénes son sus pintores predilectos
quiénes sus directores de cine preferidos
cuántas horas al día miran el cielo y las estrellas
Porque la mayoría del tiempo sólo están profetizando
diciendo que la cultura es así y no de otra manera
como ustedes aseguran y no como los peatones creen
Hay otra pregunta antes de estas frívolas cuestiones
queridos profetas culturales
quisiera saber si alguna vez
se han asomado a los ojos de un artista
y han percibido la multitud de su mente
la muchedumbre de su imaginación.
lunes, 10 de diciembre de 2018
A propósito de la ola de calor de Katsushika Hokusai
Me pasa que sigo respirando pero no sé cómo ni porqué, me lanzo a la tienda en búsqueda del sentido de la vida y le achaco todas mis broncas a Don Caras, éste me pregunta que si voy a querer algo más, ¿voy a querer algo más? Me cuesta dieciocho pesos pensar en eso otro que no entiendo, pasa que siempre me estoy enamorando y el odio también me pica las costillas, ¿por dónde comenzar la explicación de mi corazón?, podría decir sístole, diástole, chale y rechale, pero mejor salgo de la tienda y regreso a la casa con la bolsa de plástico contaminante llena de dudas. Ya casi son las seis y sigo vivo.
Enfoque
Me sumergí en el pantano para preguntarle a la rana qué es la democracia, me contestó la malvada, muy segura de sí misma, que en la marisma todos parecen príncipes valientes, pero mirados de cerca no son más que gusanos pestilentes.
2070
Hoy 21 de mayo del año 2070 cuando Caliche Caroma se encuentra exactamente a 5 meses de cumplir 87 años de vida ininterrumpida. Hoy querida concurrencia, reconocemos su larga, muy larga trayectoria. Lo reconocemos a él que siempre le han gustado las palabras y el mezcal, que, así como a algunos les gusta bailar danzón o ver el futbol, a él, le han gustado las letras, las de cambio que lo han sacado de apuros, las escritas, o las que viajan por el aire en forma de canción y las ha hecho volar en metáforas, relatos, crónicas de su colonia y su ciudad.
Hoy celebramos que aún tenemos entre nosotros a este hombre que aún puede andar en bici, pese a su avanzada artrosis. Y que pese también, a todos los embates que ha sufrido su estoico hígado, aun puede beber litros y litros de mezcal y cerveza artesanal. También nos congratulamos de que no padece disfunción eréctil y que su dedo por fin detuvo su loca carrera de inexplicable crecimiento.
Hoy contamos con la presencia de un escritor que ha sido galardonado en diversas latitudes. Rey de los cruceros, del son y las sustancias toxicas. Este gran literato que después de llevar el ritmo en un cajón peruano, después de fumar bosques como dijera Tin Tan, de ver una película de Tarkovsky, de leer a Reinaldo Arenas, se iba a encontrar a solas con sus amantes eternas, las palabras, las frases sin rima, pero con melodía, las historias de sus amigos muertos y sus perros.
Hoy sabemos que gracias a su gran dedicación y legado la calle principal de la comunidad del Lometón lleva su nombre, es decir, su seudónimo ya que como muchos de nosotros sabemos jamás le ha gustado el Carlos y por eso hoy en este pintoresco municipio de Tarímbaro encontramos que varios de sus habitantes tienen su domicilio en la calle Caliche Caroma número 23, 40 o 18 según sea el caso, en honor al gran letrólogo e inventor de las famosas y míticas genuflexiones verbales.
Que, así como los griegos crearon sus palíndromas, los japoneses sus haikus, los italianos el soneto; los michoacanos tuvimos nuestras genuflexiones verbales que gracias a este carismático y divertido filósofo de profesión, músico por diversión y escritor por convicción dieron la vuelta al mundo.
En el año 2018 su libro Morguelia, fue llevado a escena y al cabo de 5 años se tradujo a más de 6 idiomas incluido el purépecha, náhuatl, tzotzil y el no menos importante y paradójicamente llamado caliche, caló o tatacha.
Entre los innumerables logros del citado artista hoy estamos aquí reunidos por el no menos importante acontecimiento en la vida creativa del autor, que es la entrega de su libro de oro, por más de 20 000 mil copias vendidas sin recurrir a la payola.
En la situación precaria en la que se encuentra hoy nuestra comunidad lectora, teniendo que recurrir a este tipo de reuniones clandestinas. Como la de hoy, en la que nos encontramos para abrazar a nuestro líder espiritual, a nuestro dirigente poético perseguido y repudiado por no acatar las autoritarias, absurdas e impositivas medidas tomadas por la analfadictadura, que prohíbe la venta, compra, realización, edición y consumo de objetos escritos.
Por lo mismo esta noche los invitamos a adquirir esta edición especial y limitada, sólo para coleccionistas y conocedores, no lo piense más, sumérjase en esta espectacular experiencia de tener este ejemplar entre sus manos que lo hará reír, llorar, pensar y sobre todo leer, ejercicio que cada vez es más difícil de realizar hoy en día con la implacable persecución de la guardia anti-libro que nos prohíbe este delicioso acto lleno de placer y gozo. Desde aquellos añorados años del libro vaquero y las maravillosas aventuras de la editorial Vid, que no teníamos la dicha de disfrutar de estas joyas de la literatura planetaria.
No lo piense más y adquiéralo hoy por un precio inigualable, ilustraciones inmejorables del maravilloso artista gráfico Sebastian Portillo. ¡Comuníquese a los teléfonos que aparecen en pantalla, no se quede sin vivir esta inenarrable experiencia y llame YA!
Caliche Caroma y la retórica de un poeta
Por: Jorge Arturo Reyes
Gris es toda teoría,
y verde el árbol de oro de la vida.
Goethe
Sentado junto a una piedra caliza, sin charanda, dando pasos del verso propio al verso ajeno, esta tarde pronuncio palabras para evocar la obra de Caliche Caroma, específicamente, el libro de Morguelia, sol negro de la poesía michoacana que el día de hoy nos convoca en este hermoso teatro, Ocampo de mis amores.
Caliche, amigo de letras y andanzas literarias, de madrugadas con sueños insomnes y dramas no consumados; es un gusto bárbaro estar aquí, en esta mesa presentando tu más reciente material, es tanta la emoción que hasta me peiné como lo haría un vero poeta, también lo hice por nuestra hermandad compaginada en Diablura ediciones y porque alguna vez, al igual que tú, quise titularme en la Facultad de Filosofía.
Sabes, tampoco tengo dinero para resucitar a los muertos, creo que por eso escribimos poesía equiparable a un réquiem de cantina; a letras sin corona pero con harto cempasúchil y mezcal, porque como bien dices: No hay avenida que no lleve al panteón. Y es que como poetizó Efraín Huerta:
…el alba negrera se mete en todas partes:
en las raíces torturadas,
en las botellas estallantes de rabia,
en las orejas amoratadas,
en el húmedo desconsuelo de los asesinos,
en la boca de los niños dormidos.
Y en ti Caliche, la rabia se metió en tu escritura, en nuestros corazones y en el rostro de la vida. Tu rabia es contra la formalidad, la academia recalcitrante y la monotonía escritural, tus textos son crónica de vida hablando más allá del temblor de un verso sencillo, como muestra simple el título de tu libro, Morguelia, mezcla implícita de dos sustantivos donde escribes una declaración de amor y odio cifrado a Morelia, oculto como la rabia que sientes contra el que margina, contra el leguleyo y el espía de la muerte.
Miedo, en este país todos tenemos miedo. Todos, menos aquel que trae consigo la ventaja de su intuición poética, del lenguaje que todavía no se ha privatizado en la moda y en los premios literarios; del lenguaje que anuncia a los hombres del alba, a esos infrarealistas que siguen dando cuerda para ahorcarnos con su hilo poético o mejor aún, con su recuerdo cálido: Ramón Méndez, aprovecho este acto para decirte que seguí tu consejo, me conseguí una novia y me casé con ella; todo antes de que la nada nos ahogue en el vértigo de la eternidad, en los andenes de su arte poética.
Caliche, por ti supe que aún se escupe en la escalera y el pasamanos donde Ocaranza maldijo tantas veces, que en Villa Madero venden tacos de ubre y que aún se conserva la costumbre de ver al Colegio de San Nicolás como en el hígado de la ciudad de Morelia. Caliche, por ti supe que
La poesía está envenenada como el agua de los
ríos que nacen en las nubes, y nos llueven
poemas que deshacen nuestras camisas de fuerza
La poesía tiene venas hinchadas, testículos negros;
rasurada la poesía, comezón a todas horas
Poesía venida y arrastrada, los mercados con sus
Nerudas, Cernudas, frituras, fritangas, pasta dura
Los poetas huelen a sangre de zancudos, decir es
que este líquido rojo alguna vez fue poesía.
Porque en tu palabra está el pensamiento, el otro y también el símbolo muerto. La lucidez de la indignación entregada al verbo, al lector capaz de ponerse la capa del escepticismo académico. Entonces, Caliche, antes de que revientes de ira, alcohol o palomas, a lo michoacano, sigamos hablando de la poesía y que Sergio Camacho nos ayude con Foro 4, así confirmamos que lo único que en realidad nos pertenece son los huesos y la carne, ambos en peligro constante, en medio de un mar de oficios y voces inocentes donde la identidad es líquida y la violencia sistematizadora es el lado moridor de la realidad, todo en nombre de la democracia y el libre mercado que estrangula a la palabra que denuncia, porque hoy en día, respirar no está de moda.
Entonces, Morguelia es un libro que está numerado como un espejo de encanto diabólico y sueño multiplicado en la geometría de la enajenación, a lo largo de él eres capaz de engendrar una espiga de dolores y esperanzas, haciéndonos saber que somos como tú, una fe de erratas:
Soy una fe de erratas
Dios es mi corrector de estilo
Mala sintaxis mi existencia
El perdón demasiado tarde
Al otro día cuando nadie lee
Aparecen las letras pequeñas
En la página tal, donde dice…
En el principio fue el verbo mal conjugado
Pero se fue a impresión sin revisar
Por eso tengo acentos donde no
Le faltan preposiciones a lo que soy.
Y ¿qué eres?, ¿qué somos?:
Residentes de Morguelia, el país de las rodillas satánicas, donde Beethoven le habla al río Cupatitzio mientras bebe charanda sobre una piedra caliza; porque la soledad no sabe de nacionalidades, migra, pasa de cuerpo en cuerpo, de ciudad en ciudad, de verso en verso, todo hasta llegar a la oscuridad de Heráclito, a la genuflexión verbal, al Quijote que pelea con libros a pesar de que sabe que perderá; no obstante, Caliche, esta tarde te doy el triunfo literario.
$478 pesos, ¿es lo menos, di?
El patrimonio cultural de la humanidad es una calamidad, un calambre de la arquitectura-copia que pone tiesa la mirada, ostracismo voluntario en el rincón de Prados Verdes, traigan ya esa botella, camaradas anacrónicos, las pensiones son para los carros.
Morelia como cuna de la podredumbre institucional, tierra apestosa a partido político y ríos muertos, se revuelca en el charco de la corrupción y hace ¡oinc, oinc!, su palabra-descompuesta favorita es pipí-popó, aunque hay quien dice que la mejor palabra es chambrita y se teje en la calle Eduardo Ruin. Casi todos los moralinos son del norte, chilangos y marcianos, vienen acá porque en sus ranchos no hay guacamole.
Tranvía de la calle meada que transporta turistas con la boca abierta: "Aquí se aparece el fantasma de Ocaranza y en aquel edificio venden menudo los domingos"; los guías hablan de la cantera fría en donde los pobres diablos piden limosna, también informan de la catedral, $2000 pesos bautismo, $5000 pesos, boda, $10 000 pesos el cambio de sexo.
Y dicen los empresarios que son los políticos que son los dueños de esta ciudad: "Privaticemos la dignidad y peatonalizamos ese culo". Tres nombres en este dieciocho de mayo: Guacarangueo, Cagadolid y Morguelia. Fuentes y bancas bailando la danza del folclor del centro histérico, el tradicional viejito te pone los productos gringos en las bolsas rompe fácil, la asepsia del centro comercial, proyecto municipal a coito y plazo.
Reminiscencias de Goethe, Fausto siempre será priista aunque se vista de Pellejo. Por el acueducto corre la orina, el OOAPAS queda fuera, se inundó de mierda y el agua llega un día sí, tres no. Las tarascas son pirindas, chichotas robadas hace medio siglo, las tarascas son chichimecas petrificadas, hoy sedentarias, las tarascas son un puré de pseudo tradiciones y fondo para quincea-ñeras.
Arquitectura: Lo histórico parece un chiste sin chiste y se (cantera) roza la ingle con el Ruta 1 de su desgracia, camiones de humo negro en el pasado Organización Ramírez, presente Morenista y futuro El Realito. Casas de Estudiante, antes puño y lucha, hoy puro abogado, baile en La Burbuja. Estas casas de piedra que se pelean universitarios y políticos, llega algún rico fotógrafo y joto, paga lo que hay que pagar y se lo renta a la UNAM. Sorry, mama! ← Inglés.
Morelia de las mafias que controlan la universidad llena de zorros, zorras y zorritos. Don Hidalgo camina con gallardía, se sienta en los portales, hojea sus periódicos (cada vez menos), pide un cortado, se quita un pelo de la nariz que asomaba peligroso, ahora sí, a ver las nalgas del respetable femenino y alguno que otro muchachito discreto.
Los sindicatos andan en la del Madero Espiritista, madero atravesado en la avenida, ¡déjame pasar, cabrón!, porque cada moreliano debe tener, por lo menos, dos carros, soy el xhingón de xhingones y tengo amigos en la Cocotra, Staspe, Sueum, Spum, ¿cómo te quedó el cheque?.
Festejos y fuegos artificiales, artificio con maripositas aunque las maripositas sean de otro municipio: bailarinas del libramiento, bailarinas del cinturón que va del Metropolis a Villas del Pedregal, bailarinas locas en la cola del ayuntamiento, el recibo de la luz es verde, el agua (supra), el predial supositorio, la tenencia de Santa María huele a flatulencia de hace ocho días.
Porque vivir en esta bella ciudad tiene su precio, ¡caro, amigo Séneca, caro! Los diputados locales están tristes porque no pueden dedicarse a lo que de verdad les gustaría hacer/ser: Amos del Universo. Changos en el zoológico, putas en la Soterraña, sifilíticos en Altozano. Morelianos que sueñan con opíparos sueldos mientras le jalan el pescuezo al cisne, su seguridad segurea en el ano de algún transexual de la Nocupétaro.
Llueve ya, suba sus cosas al segundo piso y si no tiene, prepare su papel de víctima. Aquellos que chupan las tetas de esta vaca moribunda y loca llamada Morelia, aquellos le van al Monarca, patrimonio mamatorio de la comicidad.
¡Bella Morelia de mis amores!, así dijo el asaltante de la ruta Rosa y le disparó al chófer frente a los pasajeros, uno de ellos aún no pagaba los nueve pesos, quizá para el próximo año sean diez.
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