jueves, 27 de junio de 2019

Oceanografía

Hay veces que el mar se convierte en libro y uno puede leer ahí, con la rima de las olas, la historia del mundo en verso.

Carnestolenda

Rasgué la carne de mi amante
y él respondió con sangre,
una cicatriz más para el amor
que así ha de celebrarse.

Todo eso y más

Falta(n) aún:
Un tributo a las bandas que hacen tributos de otras bandas
Una película de la historia de Netflix
Un representante de los representantes que no cobre nada
La crítica de la crítica de la crítica (∞)
Una señora presidenta transexual negra y racista
Perritos que hagan cosas de perritos sin ninguna galleta de por medio
Gatitos que resuelvan ecuaciones no lineales
Una masacre en una morgue
El día del asesino y el día del violador
Una tesis sobre las implicaciones estéticas de las guayaberas de Echeverría en los habitantes de Coyoacán
Que México gane un mundial de futbol
Que aparezcan los miles de desaparecidos por el ejército mexicano
Un sindicato de cachacoches
El juicio final
El gran terremoto
La invasión marciana
La segunda parte de Pedro Páramo
La obra de arte total
El fin del capitalismo
La paz mundial
La piedra filosofal
Un gran asteroide
La reencarnación

Falta, todavía, que me beses, vida mía

Genuflexiones verbales que no son xenófobas ni racistas

Porque siempre llega tarde ya ni los mexicanos lo quieren.

Aborrecía a los extranjeros porque ellos sí podían pedir postre en aquel restaurante francés.

Tanto amó Cristo a su pueblo que se tiñó el cabello de color rubio.

La superioridad racial bien se puede observar en las regaderas.

Los negros, los blancos, los amarillos, los rojos, los prietos y los fosforescentes.

El chile no es para todos, dijo el taquero turco que vendía kebabs en Tacubaya.

Sólo en alemán se puede filosofar, para todo lo demás tenemos mastercard.

También hay poetas malos en lenguas indígenas.

Antes que todo están los argentinos.

Allende la gnoseología

Imposible reconocer la mentira entre tanta verdad
Millones de especialistas son convincentes siempre 
A pesar de que se contradicen unos con otros
Pelean aquí y allá hasta que la sangre corre en ríos 
Sócrates de cabeza: Yo sólo sé que lo sé todo (y más)
Gritan aquellos y estos les responden con mayor fuerza 
La ignorancia está escondida junto a la vergüenza
Ya no hay dudas sólo certezas sobre las cabezas 
Por doquier alud de inteligencia y cascada de sabiduría 
Y uno que creía que algo sabía cuando los libros abría.

El velador se llama Sigmund

Pronuncias su nombre en la soledad de tu cama, debajo de las sábanas te acaricias el recuerdo, tan onanista como siempre, tan tú sin él, sin ella, sin nadie que te vea. El perro que no ladra, la gata es sordomuda, la luna está llena.

El librero y Lichtenberg

Por mis manos han pasado miles de libros, pero no me siento más inteligente, ni siquiera ha aumentado mi vocabulario, lo que sí ha incrementado son las enfermedades por el polvo que se desprende de ellos. Parafraseando lo que dijo el viejo Lichtenberg, ninguna idea se ha alojado en mi cabeza después de acumular (y acomodar) tantos títulos en los libreros.