No me conoces y no me conozco. Soy el hombre de las estrellas rosas y de las lunas muchas, porque en el planeta que habito hay mil lunas locas que me acompañan y las estrellas se pintan de rosa cuando camino junto a ellas, es solidaridad. La luz del día es rosa también, es lógica cromática. Esto es mucho, lo sé, pero sé poco. Es el problema de la identidad, del sujeto, de la máscara, del yo te quiero. Desconocemos casi todo. Hay serpientes en mi estómago; serpientes que son poetas pobres, pero cantan con sentimiento y se arrastran con orgullo. Hablo del amor y me sorprendo, porque te veo flotando entre cascadas de rostros que caen como las rocas y sólo tú flotas, sólo tú flotas, sólo tú, anda, flota entre las rocas. ¿Qué ha sido de la historia de las rocas? No me interesa el sufrimiento, por ahora.
miércoles, 14 de agosto de 2013
La madrugada sabía de mí, vigilaba mis pensamientos-sentimientos desde la ventana-luna que parpadeaba nubes y a veces lloraba-llovía sobre la casa que me esconde. ¡Ay, qué madrugada tan entrometida! Cuando el día llegó yo tenía las ojeras tristes y las ganas cansadas, parecía un velador mal pagado, una vela mal apagada, un ser ambiguo, ni noche, ni alba, ni luz. Parecía y desaparecía, como un latido moribundo.
La carretera
Así ocurrió el abandono a alta velocidad, un dejarse ir cacofónico sobre el asfalto del entendimiento, una pista con curvas mojada de sangre, a posteriori, embarrado de narración que todo lo ve y todo lo sabe. La palabra “siempre” también ha aparecido a temprana hora, como “todo”. Alguien dijo: Quiero, deseo, voluntad, individualidad. Pero nadie dijo pero. Es que desperdiciamos nuestras mejores balas en cuerpos podridos de esperanza, no tiene sentido, nosotros somos poderosos, quinientas veces uno, lo único incómodo es la juntura. Raspábamos nuestras rodillas, apretados, mientras escribíamos con teclas de plástico, el tema era la tala inmoderada, aunque algunos rebeldes escribían sobre los círculos y sus misterios. Entonces nos impactamos unos a otros. Así fue el abandono, así ocurrió el yo.
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