martes, 3 de junio de 2014

  Al llegar a la página 495 del libro siento miedo, un vértigo, y es porque estoy dentro de la historia que leo, soy parte de ella, un personaje secundario que se asoma entre líneas, un extra de esta existencia de papel e invención. Cuando termine de leer esta novela, yo también terminaré, con ella finalizo, el aniquilamiento mutuo. ¿Cuántas páginas tiene este libro? 681 páginas. Quizá, con algo de suerte, deje inconclusa la lectura, sobreviviré entre las cosas que he dejado esperando, y que aún me esperan en el camino del fin.
  Hoy no es domingo, no me vengan con misas y fútbol, hoy quiero ser Napoleón y cambiar mis fichas por viento, soplar muy fuerte para derrumbar la casa de los tres poderes, derribar al estado cochinito.
Si el amor fuera una fruta, nosotros gusanos. Casi todo está hecho para el pasado. Si el amor fuera, entonces yo vengo. El presente está hecho de pasado, enunciado compuesto de deshechos inmediatos. La televisión nos da el horario de los besos y el fútbol patea los balones del aborto, producto del amor, mis chocolates son fetos. En el estómago tengo mentiras de las mariposas monarcas, revolotean, porque no vienen y si vienen ¿para qué vienen? Las abejas en una marcha de la diversidad del amor, protestan y pican las cabezas huecas de nuestra conciencia. Si el amor de noche está cubierto, relleno de caricias, entonces mataremos a Doña Blanca para ver en su interior. Sí, el amor, relación lógica en el universo de mi refresco oscuro. Una estrella fugaz arrepentida, que vuelve a casa, enamorada.
  Bajando al sótano sin cuenta voy, a ciegas numéricas, siempre hacia abajo, yendo por el camino equivocado del gerundio, y seguí-sigo-seguiré, soy la conjugación del terror. Lo correcto no es de mi incumbencia, la palabra incumbencia es un tanto cacófona y jurídica; un tanto es un algo mucho pero moderado, véase la palabra avalancha, un francés que tiene chance, la oportunidad de salir de París en un alud hacia América. Estoy cayendo en el rancho nómada de mi imaginación, soy un rural de la fantasía y hay colgados en los árboles de la brecha. Mientras bajaba pensaba en todo lo anterior y en todo el porvenir, en lo que soy, en el cúmulo de recuerdos que se amontonan en lo profundo de mi cabeza, o en medio de este corazón colesterol, o en esa cosa metafísica llamada ser, en Galia, Alemania, pensaba que pensaba y estaba sumergiendo pisadas en un charco poco profundo. Esta escalera hacia abajo no tiene fin, he visto a Beatriz, quien vive en el infierno del cielo invertido, me ha dicho que yo no soy poeta, que soy un consumidor de pomadas para la micosis, que soy un enfermo en picada, un mole de olla sin invitados. Así de mal caigo yo.
  Distinguir entre el verbo poetiza y el sustantivo poetisa. No es lo mismo. Qué difícil y aburrido andar explicando la trama de la telaraña, las vueltas, los cruces, como mosca te atrapas y te como, mosca pendeja, pendeja como vello púbico femenino que se atrasa y se atrapa por el peso de sus alas que no vuelan. Un poco de atención lector, al menos la proporcional al esfuerzo hecho en el momento del deshecho que tú desprecias. Cago palabras porque esto es un desagüe social, digo puta y puto y el crimen está hecho, pero sin problemas te persignas frente al pederasta, los pederastas también viven en nuestras propias casas, ni tan propias ¿verdad? Ya está el café, ya me voy.
  Este trayecto del sin trabajo me tiene en la ruina del bienestar, pero estoy bien. El sudor de mi frente no es proporcional a los billetes y monedas de mi bolsillo sin cartera, billetes y monedas que se pierden en la tienda de la esquina, en los condones similares. ¡Pinche dios-patrón culebra que te arrastras entre las cobijas rotas de los pobres! La sangre de cada mes se evapora, la respiro, me limpio el rojo de la nariz, cocaína de fresa, manzanas, mi querido teo-capitalista, el milagro de la vida y sin vacaciones pagadas, la renta y el garrafón de agua, aceite de carro porque el perro tiene sarna. Veo que me estoy haciendo viejo porque ya no se me paran los amigos, ya no me visitan las ganas de ir a verlos. Pesos escondidos por esta casa que no es mía, porque ni la nada es mía mucho menos los pesos, pesos completos, centavos que os voy hablar. Decimonónica sentencia que cuesta poco, ¿me la fías? Paupérrimo voy entrando al reino de los ricos y me robo los panes rellenos de queso e injusticias, mendrugos, acertijos del estómago para entretener el hambre de mi hacer.

Morelia de mis amores

El patrimonio cultural de la humanidad es una calamidad, un calambre de la arquitectura-émulo que pone tiesa la mirada. Ostracismo en el rincón de Prados Verdes, traigan ya esa botella. Frente a Ciudad Universitaria hay una colonia que se llama Gustavo Díaz Ordaz. Morelia como cuna de la podredumbre institucional, tierra apestosa a partido político y a ríos muertos, ciudad que no se baña, ciudad se revuelca en el charco de la corrupción, su palabra-descompuesta favorita es pipí-popó. Tranvía de la calle con baches que transporta turistas con cámaras caras, los guías hablan de la cantera fría en donde los pobres diablos morelianos piden limosna que no les dan, porque lo único que dan los indigentes es mal aspecto a la catedral, eso dicen los empresarios que son los políticos que son los dueños de esta ciudad indigente. Tres nombres en este dieciocho de mayo: Guayangareo, Valladolid y Morelia. Fuentes y bancas bailando la danza del folclor del centro comercial, el tradicional viejito que te pone los productos en las bolsas rompe fácil, cinco pesos de propina por rústicos. Pellejos de Goethe, Fausto siempre será priista, Fausto Pellejo, símbolo de la democracia moreliana. Por el acueducto corre el agüita amarilla, el OOAPAS queda fuera, se inundó de sindicalismo. Las Tarascas son pirindas, y esto no lo dijo José Corona Núñez. Lo histórico parece un chiste sin chiste y se (cantera) roza la ingle con el camión Ruta 1 de su desgracia, camiones de humo negro en el pasado, presente y futuro, este porvenir con sus chóferes yo los bendigo: amos del universo y guapos como excremento. Morelia de las mafias que controlan a la universidad primitiva o fábrica de sueldos. Don Hidalgo viaja en la ruta roja 3, pagó su pasaje (subirá) con gallardía. Los obesos obreros andan en la del Madero Espiritista, madero atravesado en la avenida, ¡déjame pasar, cabrón! Porque cada moreliano tiene, por lo menos, dos carros, chingón de chingones. Festejos y fuegos artificiales, artificio para taparle el ojo al bache, ya dijimos bache, pero es que son millones. Bailarinas del libramiento, bailarinas del cinturón que va del Realito a Villas del Pedregal, bailarinas locas en la cola del ayuntamiento, el recibo de la luz es verde, el agua (supra), el predial, la tenencia, porque vivir en esta bella ciudad tiene su precio.  Los diputados locales están tristes porque no pueden dedicarse a lo que de verdad les gustaría ser: taxistas. Morelianos que sueñan con opíparos sueldos, su seguridad "segurea" en el ano de algún transexual de la Nocupétaro. Manos arriba de aquellos que chupan las tetas de esta vaca moribunda y loca llamada Morelia, patrimonio mamatorio de la comicidad, ¡esto es un asalto! El presidente municipal se sacó decenas de fotos mientras este texto se leía.