lunes, 25 de agosto de 2014

Percusión y comunidad

  La percusión es considerada por muchos como uno de los primeros instrumentos musicales que la humanidad descubrió y desarrolló, alguien en algún momento tuvo la feliz ocurrencia, o idea (¡vaya usted a saber!), de golpear una piedra contra otra, aplaudir, patalear, tamborilear con los dedos e incluso destazar a algún compañero o enemigo para elaborar aquellos míticos tambores de piel de hombre o mujer; antes de ser melódica la voz seguramente fue utilizada como una secuencia más o menos rítmica que acompañó a las primeras fiestas alrededor de una fogata, en fin, repetición y coordinación como elementos claves de la percusión.

  La cosa no es tan sencilla como parece, ya que gracias a su antigüedad las percusiones tienen una tradición móvil que las acompaña, un desarrollo técnico que cada ejecutante le ha impregnado a tal o cual instrumento, a su historia, hasta llegar a la innovación constante que, aunada a las nuevas tecnologías, complejiza el asunto, un ir y venir de lo primitivo, primero, a lo contemporáneo.

  El tambor que suena en Guinea, Cuba, México, Japón, España, se renueva y se alimenta en pulsión vital que va más allá de cualquier frontera. Porque ¿qué es la música sin el elemento percutivo? En la tradición occidental ha tenido una incursión tardía pero importante, Wagner por ejemplo. Durante años los compositores estuvieron renuentes a utilizar la percusión en sus obras, quizá debido a la creencia de que sólo la melodía y la armonía estaban conectadas con lo divino, la percusión, en cambio, remite al cuerpo, a lo satánico, al reino de este mundo. Había, y quizás haya todavía, una aberración generalizada hacia lo terrenal por estas sinrazones, la tonta pelea de lo eterno frente a lo perecedero, sin embargo hubo un momento en que ya no se pudo evitar la incursión de la percusión en la música clásica, pues es imposible entender lo infinito sin tomar en cuenta lo finito. La percusión se fue metiendo poco a poco en lo clásico, como pasó con el la noción del cuerpo en las teorías filosóficas, en la religión y en la política.

  Morelia, conflictiva ciudad, ha visto nacer a muchos ensambles de percusiones, dichas agrupaciones son: Zarahuatos, Kandumba, Popochtli, Purembe D’jembe, Olubatá, Folikanuya, entre otros. Estos colectivos tienen diversas raíces pero principalmente se deben a la tradición africana, específicamente la cultura Malinké. Folikanuya es un grupo de danza y percusiones africanas que está dirigido y coordinado por el músico multiinstrumentista Jorge Pointelin. En sus interpretaciones e improvisaciones se encuentran elementos que es importante resaltar, el trabajo en equipo es uno de éstos, coordinarse para lograr un fin que alimenta al espíritu de lo humano, porque como dijo alguien “la música tiene un plan” y es un plan comunitario.

  Otro elemento a resaltar es la polirritmia, la posibilidad de escuchar al otro con atención e interactuar con él, conversar en la música a través de varios discursos amalgamados, porque la mayoría de veces ignoramos a los otros, y no sólo en lo musical, hay que aprender a conjuntar nuestras ideas y darles coherencia y consistencia con las de los demás.

  Folikanuya, ensamble de percusiones que lucha con sus armas por un mundo en el que se pueda bailar y reír, que se acabe de una vez por todas el discurso vacío de los políticos arrítmicos y que suene el tambor, la danza del compartir. ¿Repercutirá la percusión en nuestros corazones?
  He aplastado a miles de moscos con mis manos y sin embargo me siguen picando por todos lados. Camino diariamente por la misma avenida y a pesar de esto el trayecto no se ha hecho más corto ni menos pesado. Platico con mis amigos desde hace varios años y todavía tenemos muchas cosas por decirnos. Escribo a mano una cuartilla cada día y aún no puedo terminar este cuaderno de mi vida.
  Noticias globalizadas donde el mundo está cada vez más enfermo, el total de relaciones es un alud de podredumbre, la incorrecta y engañosa información dada por locutores con problemas de dicción ataca a las buenas conciencias que lo único que buscan es un café con leche por la mañana, y también los periódicos mienten en su consuetudinaria existencia, la red de una araña ubicua que atrapa a la mosca de tu atención, televisión privada de la verdad, ni siquiera a lo verosímil podemos acercarnos porque nos muerde, de lo nacional vulgar a lo absurdo mundial. Y no es que todo tiempo pasado haya sido mejor, es la densidad demográfica y decepción generalizada, la ausencia de esperanza, eso es, lo único que buscamos es el fin de semana de la vida. Veamos, escuchemos, leamos: Pandemia de la estulticia ocasionada por el águila que come víboras enfermas, fiestas orgiásticas de funcionarios obesos alzando la mano para pedir otra copa, reformas del recto hacer con bailarinas exóticas que tienen hijos que mantener, asesinatos en las escuelas primarias antes del recreo, traficantes de bolsillo que venden órganos humanos en los mercados para ricos, baches en los cerebros de la opinión pública en donde se tropiezan los pensamientos, bombardeos de justicia y democracia, corrupción de la corrupción en el cuadrado de la ambición, inundaciones y terremotos con alevosía y ventaja, ignominia en las redes sociales, partidos políticos trabajando duro en la empresa de los secuestros y las desapariciones, mensajes presidenciales dirigidos a los cangrejos con traje y la buena nueva es que también es infundio nuestra existencia.
  Y entonces vi el anuncio, "Clases de Ortografía", fue como una epifanía, quería preguntar por los costos y los horarios pero el maestro ya se había ido, al otro día regresé y el anuncio ya no estaba. Estoy condenado a llevar el estigma de las orejas de burro que me pusieron en la primaria.

Castigados

Los parques metálicos añoran los colores de las flores,
desde sus bancas de plástico los sin casa tosen limosnas,
las empleadas domésticas domestican a los salvajes niños,
columpios limpios en donde algún violador espera paciente,
pocos árboles cómplices quedan para cometer los crímenes.

Lluvia ácida que corroe las pequeñas cabezas de los infantes,
juegan a la guerra nuclear con sus grises uniformes escolares,
sus delirantes pensamientos son hermosas caricaturas violentas,
los perros famélicos ensayan ladridos mientras buscan algo,
la basura es para ellos alimento sagrado que les da un perro Dios,
las infantiles pedradas quiebran huesos caninos y hambrientos.

Madre y padre en sus trabajos consiguen detener la miseria,
instantes en los que la felicidad es una pizza a domicilio,
un programa repitiendo el mensaje adoctrinante del refresco,
la oficina pulcra en donde se teclean el olvido y la familia,
el día del descanso laboral en donde se preguntan pocas cosas,
"Me dijo Lupe que le pegaste a un perro de la calle, eso no se hace".

Sobre el infierno católico

  Estaba meditando en el baño cuando de pronto sonó el teléfono, decidí no contestarlo ya que no esperaba ninguna llamada importante, de hecho no esperaba llamada alguna, importante o no. Seguí concentrado en mis reflexiones deyectivas, la evacuación de aquello que mi cuerpo no necesitaba era la prioridad, el teléfono volvió a sonar insistente, molesto ruido que violenta nuestra intimidad, la estúpida y a veces necesaria localización a la que nos exponemos a todas horas con estos aparatos de supuesta tecnología y progreso. El número que aparecía en la pantalla no tenía la clave local, no lo reconocía, además eran las ocho de la mañana, ¿quién necesita oír mi voz a estas horas?, y otra cosa, ¿para qué traje el celular al baño? Lo ignoré, pero el sonido del timbre apareció por tercera vez, apliqué la sabiduría popular: la tercera es la vencida, y si está vencida hay que apiadarse de la derrota de los otros, perdí el sentido nietzscheano que va más allá de la perdición de los demás. Contesté de mal humor, con las palabras estreñidas. "Bueno, ¿quién habla?". Un silencio desconcertante. Colgué, mejor dicho, apachurré el botón de finalizar llamada. Intenté concentrarme de nuevo en mi actividad matutina. Y de nuevo el teléfono. Esta vez inquirí más extensamente. "Sí, ¿a quién busca? Por favor deje de estar molestando, son cuatro veces las que me ha marcado, ¿qué quiere?". Una voz femenina respondió "Buenos días señor Carlos, le estamos hablando desde las oscuras tuberías de esta ciudad, queremos informarle que sus deshechos se han ido acumulando en una de nuestras salas de espera, usted puede pasar a recogerlos desde el día de hoy a partir de esta hora, le agradeceremos que pase lo antes posible ya que el espacio que ocupa su mierda y orines genera un gasto de almacenamiento de dos mil pesos diarios, la dirección le llegará en un mensaje posterior, por su atención muchas gracias". No pude evacuar, estaba sorprendido por esta llamada, qué gente más extraña, ¿realmente había alguien que se dedicaba a juntar mis excrecencias para después entregármelas todas juntas? Entonces pensé en el infierno católico y todo tuvo sentido.

jueves, 7 de agosto de 2014

  Hay maestros hasta debajo de las piedras, en las alcantarillas, la ciudad es una escuela y te cobran caro, por mes es más barato. Clases de clases, cursos de recursos innecesarios, orgullosos diplomados, especialización y perfeccionamiento, el rito del documento. Los alumnos ya piensan en sus futuros alumnos, el conocimiento prostituido es el pan de cada día para el sindicato de la hipocresía, pero un pan en rebanadas a discreción, pan duro. Dejar de ser discípulo y maestro, balbucear por cuenta propia, hacer la masa, leer el libro, interpretar, tocar, bailar. Que desaparezca la figura de autoridad, éste es el comienzo.