Si fuéramos capaces de reírnos más de nosotros mismos no necesitaríamos tantas terapias, pero nos gusta el sufrimiento, años y años de telenovelas han destruido nuestro sentido del humor.
martes, 21 de marzo de 2017
Descansar en paz ya no es posible
No sé qué pensar cuando leo/escucho cosas como éstas: "Qué triste que se murió tal o cual escritor, nos estamos quedando solos". Y lo mismo dicen de los músicos, actores, pintores, artistas en general que cumplen con un ciclo vital (y necesario); incluso algunos políticos alcanzan algo de estas dádivas: "Pobrecito, si sólo tenía 91 años, se veía entero". La mayoría de los que fallecieron recientemente lo hicieron por vejez, otros por ser atascados en sus múltiples vicios y no faltó a quien la fatalidad le pasó factura. Para allá nos dirigimos todos, la muerte es lo único seguro y blablabla. Comentar que uno se siente mal por el deceso de alguien que admira es sensato, pero de ahí a expresar que el mundo se derrumbará por la muerte de fulano o mengano es puro borlote. Miles de personas son asesinadas cada día y el planeta sigue en movimiento, pocos rasgan sus vestiduras por los niños desmembrados en el mercado negro de órganos (cf. Chomsky). Las obras de los creadores son trascendentes, he aquí la herencia, la esencia, falta mucho por descifrar, interpretar, conocer. ¿Por qué nos convertimos en plañideras? Me imagino que estas personas, las que se aferran al fierro de la vida, desearían que sus ídolos estuvieran con ellos hasta la putrefacción, una especie de apocalipsis zombi intelectual. Y si no es así, habrá que reestructurar esa frase que está más trillada que el cereal: Descansa en paz.
La pregunta de los 60 mil
Lo complejo de las redes sociales, el mundo en ceros y unos, radica en que hay demasiadas soluciones para los problemas existentes (e inexistentes), después de una somera revisión, en el apabullamiento de las opiniones, no sabemos cuál escoger, la perplejidad nos gana y optamos por el camino fácil del meme o el gif. Terminamos donde empezamos. Los otros siempre tendrán la respuesta a cada situación expuesta aquí, pero lo terrible está en que no es una o dos alternativas, algo simple, blanco o negro, dulce o agrio, sino cientos de posibilidades que terminan por obnubilar cualquier esperanza de resarcimiento al asunto en cuestión. Los consejos se agolpan en la coladera y el pensamiento se tapa. Por ejemplo, el país ya explotó miles de veces, hipotéticamente, y también fuimos los mejores del universo, por encima de los marcianos; ganamos mundiales y salvamos al planeta; decapitamos a Peña Nieto, empalamos a Trump, aplacamos la hambruna global con tacos y guacamole; paramos la guerra en Siria y desaparecimos del mapa a Israel. Tantas cosas hemos hecho sin avanzar ni retroceder un sólo paso. Y al final del túnel aparece la sempiterna pregunta: ¿qué hubieran hecho ustedes?
Genuflexiones verbales del ¿A poco lipstick? o de la paz del arcángel divino
* El fervor por la Virgen de Guadalupe, los lábaros patrios y la cerveza victoria (y/o corona) son los pilares de la identidad nacional, disculpe usted las molestias.
* Podemos tener diferencias, pero todos los mexicanos nos aprendemos, por amor al dedo de Dios, la primera estrofa del himno nacional.
* Uno de los tantos legados de Antonio López de Santa Anna es el Sonidero Nacional.
* En el concurso de 1854 hubo mano negra, Jaime Nunó lo sabía pero guardó silencio, ahora sí que "inerme su hijo"; González Bocanegra no ganó. Giovanni Bottesini, aunque tocó en la fiesta, exigió: ¡voto por voto!
Crónica de la manifestación
Terminamos de talonear en el semáforo como a las 12:30 horas, no había estado mal el día, 150 pesos para cada uno, en sólo hora y media. La crisis para nosotros llegó desde que nacimos, por eso tenemos varios trabajos y además contamos con credencial de indigentes. Guardamos nuestras cosas y nos disponíamos a irnos a nuestros hogares, en eso sonó el teléfono y contesté. Era una amiga que nos invitaba a ir a la manifestación por el gasolinazo, es algo pacífico, comentó. Yo dudé por muchas razones, pero algo en mí aún es muy ingenuo. Le pregunté a Tonatiuh que si quería unirse, a pesar de que él andaba enfermo dijo que sí. Nos dirigimos hacia el Centro Histérico de Morguelia, el contingente se había desplazado hacia Las Tarascas, iban por la Madero escoltados por varias patrullas de policías estatales. Tuvimos que alcanzarlos cuando venían de retorno en dirección hacia Catedral. En cuanto nos vieron comenzaron a hacer bulla: "¡Música, toquen, toquen!", "Pónganse hasta adelante!", "¡Ese apoyo sí se ve!" y cosas por el estilo. Tocamos. A los diez minutos un cabrón de lentes oscuros,camisa blanca y panza chelera nos habló en lo corto: "Oigan, toquen bajito, para que se escuchen las consignas". Hicimos cara de enfado y bajamos la percusión, pianissimo, como si nos hubiera pagado este director de orquesta espontáneo. El pueblo unido sigue entonando las mismas cantaletas, hasta el cansancio de la repetición, llaman más la atención los tambores que un Fuera Peña ad nauseam, la gente no es tonta, ¿o sí? Llegamos a Palacio de Gobierno como a las 13:30 horas. Estaba ahí una bailarina que quería participar, unirse al llamado del tambor, las bodas del cielo y el infierno. Nos montamos para armar el círculo de la danza, el gran Changó que sí es revolucionario. Estábamos disfrutando el ensamble de percusiones y caderas cuando apareció la maldad, que cantan el pinche himno nacional. ¿No que era una manifestación pacífica? Esa canción habla de puros balazos y muerte: "Mexicanos al grito de guerra" y otras cosas tristes, seguimos tocando a pesar del sonsonete, ahí fue donde valió madres (padres) todo. Una señora se acercó en plan violento (el himno nacional había cumplido su parte) y nos la hizo de emoción, según ella porque no teníamos respeto por los símbolos patrios, nos quería linchar, lo bueno es que no tuvo quórum. Tuve que aplicar la de "ni te veo, ni te escucho". Error, eso la puso más colorada y dio unos cuantos manotazos al aire, ahí apliqué la señal con el dedo en la cabeza que quiere decir "está usted loca". El chocotorro es que dejamos de tocar por los ovarios de la señora. La mitad de la gente cantaba la hediondas letras del horrible himno y la otra mitad tomaba video con sus dispositivos móviles (acá celulares). Volteé a ver al Tona, tosía como perro, miré a la señora patriota y entonces comprendí todo. Yo ya no estoy para estos trotes; creo en la desobediencia civil, trabajo, trato de hacer el menos daño posible, apoyo a mis amigos y enemigos, incluso me informo, pero se me hace una gran felación ir a una marcha pacífica para cantar canciones de guerra. No señores y señoras locas, yo no creo en ese movimiento. Son más coherentes los saqueadores.
El arlequín agotado o de la neo-fenomenología del relajo
Cuando todos esperaban que dijera algo gracioso o interesante, como era su costumbre, él sólo guardó un silencio sepulcral y se marchó lejos, muy lejos, para que nadie más lo molestara; se había cansado de ser el bufón de la colectividad. Lo que no sabía, o tal vez sí sabía pero no quería aceptar, es que el problema no eran los otros, sino su propia visión de las cosas, nunca tomó nada en serio y no lo haría jamás.
Trágico
¿Qué frases célebres vendrán a salvar mis días? ¿Cuál de todos los memes me traerá alegría? ¿Cuántos pesos más costará el transporte público? ¿Dónde se esconde la fortuna y sus ruedas? ¿Cómo marco a Uruapan, cuál es la clave lada? ¿Quién soy yo y por qué no tengo gasolina? Los misterios del día a día carcomen mis bolsillos, pelusas por aquí, pelusas por allá, la tragedia invade mi vida.
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