lunes, 10 de diciembre de 2018
Hipogloso
Corto la lengua
de la boca mía
y aún así hablo
con los muros.
La palabra baja
hasta el infierno
porque sólo ahí
puede hacer eco.
de la boca mía
y aún así hablo
con los muros.
La palabra baja
hasta el infierno
porque sólo ahí
puede hacer eco.
¿Qué maldición
ha caído sobre mí?
Pregunto al viento
que pasa con prisa.
El viento responde:
¡Calla, calla, calla!
Pero es muy tarde
para el silencio.
ha caído sobre mí?
Pregunto al viento
que pasa con prisa.
El viento responde:
¡Calla, calla, calla!
Pero es muy tarde
para el silencio.
La Biblia
Verga vergazos quería
pito pitote tenía
culo culito cagado
chichi chichota y la teta
nos la metieron pero se la doblamos
nos la metieron pero se la cagamos
se la chupamos pero se la mordimos
pucha puchota peluda
pinga pedorra no folla
mocos con sangre en la leche
carajo cabrón carajo
se la doblamos pero nos la metieron
se la cagamos pero nos la metieron
se la mordimos pero se la chupamos
uei uei uei
chingas tu madre (pendejo)
mamas por puto (no gay)
huevos (yo invito)
y como fin la siguiente línea sacada de la Biblia y citada por Marco Aurelio Denegri en un programa de la televisión peruana en donde se discutía sobre la pornografía:
"Antes de hablar, infórmate".
pito pitote tenía
culo culito cagado
chichi chichota y la teta
nos la metieron pero se la doblamos
nos la metieron pero se la cagamos
se la chupamos pero se la mordimos
pucha puchota peluda
pinga pedorra no folla
mocos con sangre en la leche
carajo cabrón carajo
se la doblamos pero nos la metieron
se la cagamos pero nos la metieron
se la mordimos pero se la chupamos
uei uei uei
chingas tu madre (pendejo)
mamas por puto (no gay)
huevos (yo invito)
y como fin la siguiente línea sacada de la Biblia y citada por Marco Aurelio Denegri en un programa de la televisión peruana en donde se discutía sobre la pornografía:
"Antes de hablar, infórmate".
En la mente del que se queda o de los restos de la empatía
Ves que los latinos se pelean entre ellos, como aquellos otros latinos que vivieron en Roma, pero estos bailan boogaloo y toman cocacola. Ahora los ves y no es el noticiero, están ahí, en las vías del tren, pidiendo una moneda, arriesgando el físico en la avenida, causando penas a los penantes que ya de por sí están jodidos por el solo hecho de estar aquí, entre los vivos.
Son hombres, mujeres, niños, son de carne y sangre y lloran y ríen como tú lo haces. La gente les dice ilegales, pero ellos son la trinidad: emigrantes, inmigrantes y migrantes, aceptas el primer mote, lo utilizas y los señalas: "Son ilegales, ¡que se vayan a su país, aquí no los queremos!", repites con convicción, ésta es la consigna generalizada.
Tú eres latino por ese romance de las lenguas históricamente tocadas, americano porque Américo le dio la vuelta al continente, mexicano, muy mexicano, pero ignoras el porqué de este orgullo futbolero. Te preocupa que dentro de poco vendrán a tocarte a tu puerta para pedirte unos zapatos, una camisa o alguna faena para ganarse un pedazo de pan embarrado de sobras. No les abrirás, que se vayan a otro lado, tienes candados, cadenas y unas piedras en la azotea. Estás preparado.
Antes veías las noticias sin preocuparte, total, ¿en dónde queda Argelia o Afganistán? "A quién le importa", te decías a ti mismo, muy seguro en tu sillón, quizá las diez de la noche, antes de irte a tu cama, calientita. Te niegas categóricamente a compartir algo de lo tuyo, mucho trabajo te ha costado, el trabajo, el sudor de tu frente, el apoyo de la familia, el país que te vio nacer.
¿Cuánto durará esto? Pregunta sensata la que te haces, y sabes que ya no habrá marcha atrás. Y en esa cascada de preguntas justificatorias logras ver tu posición, la vecindad con los Estados Unidos de Norteamérica, esa política caníbal que ha ocasionado el rebote demográfico que estás sufriendo.
¿Y si a ti te pasara lo mismo? Comienzas a sentirte incómodo, los días traen más noticias de esos otros que no son los tuyos. Y vienen más: hondureños, salvadoreños, guatemaltecos, venezolanos... Recuerdas a tus parientes que viven del otro lado, el otro lado mítico que añoras en silencio, el otro lado que te provoca miedo; las humillaciones que tuvieron que soportar tus familiares para hacerse de su Green Card, hoy tienen casa, camioneta y una cuenta en el banco.
Ilegales, ilegales, ilegales, repites en tu cabeza y terminas sintiéndote culpable, ¿pero de qué? Sales de tu casa, atrás dejas tu cama calientita, la televisión prendida, te diriges hacia las vías del tren cargando una mochila llena de ropa buena, de la que más te gusta, pones ahí unas latas de atún, café, agua embotellada y la chamarra más gruesa que encuentras. Aceleras el paso, urgente es la caridad para ti. Pero no hay nadie, esta tarde no pudiste redimirte con la humanidad, será para mañana, con algo de suerte.
Son hombres, mujeres, niños, son de carne y sangre y lloran y ríen como tú lo haces. La gente les dice ilegales, pero ellos son la trinidad: emigrantes, inmigrantes y migrantes, aceptas el primer mote, lo utilizas y los señalas: "Son ilegales, ¡que se vayan a su país, aquí no los queremos!", repites con convicción, ésta es la consigna generalizada.
Tú eres latino por ese romance de las lenguas históricamente tocadas, americano porque Américo le dio la vuelta al continente, mexicano, muy mexicano, pero ignoras el porqué de este orgullo futbolero. Te preocupa que dentro de poco vendrán a tocarte a tu puerta para pedirte unos zapatos, una camisa o alguna faena para ganarse un pedazo de pan embarrado de sobras. No les abrirás, que se vayan a otro lado, tienes candados, cadenas y unas piedras en la azotea. Estás preparado.
Antes veías las noticias sin preocuparte, total, ¿en dónde queda Argelia o Afganistán? "A quién le importa", te decías a ti mismo, muy seguro en tu sillón, quizá las diez de la noche, antes de irte a tu cama, calientita. Te niegas categóricamente a compartir algo de lo tuyo, mucho trabajo te ha costado, el trabajo, el sudor de tu frente, el apoyo de la familia, el país que te vio nacer.
¿Cuánto durará esto? Pregunta sensata la que te haces, y sabes que ya no habrá marcha atrás. Y en esa cascada de preguntas justificatorias logras ver tu posición, la vecindad con los Estados Unidos de Norteamérica, esa política caníbal que ha ocasionado el rebote demográfico que estás sufriendo.
¿Y si a ti te pasara lo mismo? Comienzas a sentirte incómodo, los días traen más noticias de esos otros que no son los tuyos. Y vienen más: hondureños, salvadoreños, guatemaltecos, venezolanos... Recuerdas a tus parientes que viven del otro lado, el otro lado mítico que añoras en silencio, el otro lado que te provoca miedo; las humillaciones que tuvieron que soportar tus familiares para hacerse de su Green Card, hoy tienen casa, camioneta y una cuenta en el banco.
Ilegales, ilegales, ilegales, repites en tu cabeza y terminas sintiéndote culpable, ¿pero de qué? Sales de tu casa, atrás dejas tu cama calientita, la televisión prendida, te diriges hacia las vías del tren cargando una mochila llena de ropa buena, de la que más te gusta, pones ahí unas latas de atún, café, agua embotellada y la chamarra más gruesa que encuentras. Aceleras el paso, urgente es la caridad para ti. Pero no hay nadie, esta tarde no pudiste redimirte con la humanidad, será para mañana, con algo de suerte.
Temerse a sí mismo o mi primer encuentro con Cronenberg-Ballard
Tengo borrosa la fecha exacta, según yo corría con prisa 1996, a mis trece años de edad era ya un asiduo asistente a las salas cinematográficas; en aquel tiempo, Cinépolis era Organización Ramírez y había permanencia voluntaria, es decir, pagabas para ver una película y te podías quedar a verla otra vez o, como hacíamos mis hermanos y yo, te pasabas a otra sala sin que los acomodadores se percataran de esta acción y, así, tenías la oportunidad de ver otros éxitos de Hollywood.
Aunque "Aladdín" se estrenó en 1992, años después la seguían pasando en los cines. Fue la primera que vimos, lo mejor de esa animación era el genio color azul. Cuando comenzaron los créditos nos salimos sigilosamente hacia el corredor de las salas, estábamos en el Plaza Morelia (hoy Escala Morelia), el que está cerca del Palacio del Arte. Entramos a la otra función, una película de Chuck Norris, no sé cuál, y no importa, todas las historias en donde sale este leñador karateka siguen la misma trama: él se retira a algún lugar porque ya no quiere pelear, sucede algo que lo obliga a defender a alguien y entonces regresa a las andadas. Madrazos y barbas.
Todavía podíamos ver una más, siempre se puede. Mismo procedimiento. Esta última sala estaba casi vacía, eramos como doce personas, mis dos hermanos, Josué y Giovanni, se quedaron dormidos. No recuerdo la hora exacta, pero eran más de las nueve de la noche. Desde la secuencia de apertura quedé atrapado. La película se llamaba "Crash", en los subtítulos ponían "Extraños Placeres".
En la primera escena aparecía una pareja follando en un hangar, luego vendrían más escenas de sexo mezcladas con choques automovilísticos, cicatrices y travestidos. Mi encuentro con David Cronenberg y J. G. Ballard. El director canadiense había adaptado el libro del escritor inglés, ambos le estaban dando una gran lección al pequeño Caliche Caroma. Ahí estaba yo, con una erección algo culpable, pues había mucha violencia mezclada con lo sexual, además Elias Koteas, que interpreta a Vaughan, no tiene pene, razón por la que utiliza sus dedos como miembro viril. En fin, perturbación a manos llenas.
He visto "Crash" como unas diez veces, en diferentes etapas de la vida prestada que soy. Cada vez que la veo me provoca los mismos estados alterados, primeramente me excito, luego siento ese miedo que provocan en mí los autos, la velocidad y las grandes carreteras, al final me quedó con esa sensación de abandono, sobre todo con la última parte del largometraje, en donde Deborah Kara Unger, quien le da vida a Catherine, está recién accidentada y James la penetra junto al carro volteado y humeante. Sí, el filme habla de mí, de mi oscuridad, de lo terrible que soy, a pesar de ciertos destellos de luminosidad que veces me acompañan, también las negras sombras y los callejones sin salida son parte del que aquí escribe.
Estoy de acuerdo con Marco Aurelio Denegri cuando dice que conocerse a sí mismo es la cosa más aburrida, pero no está de más saber algunos detalles de nuestro ser-acá. Quien se conoce a sí mismo, se teme así mismo. Con la película de Cronenberg pude darme cuenta, a mis trece años, que no soy una persona normal, y eso me gusta mucho, pero debo tener cuidado, no quiero que me digan pervertido, ¿o sí?
Morir en el sueño de la hermana
Me habló mi hermana desde la CDMX para decirme que había soñado con la muerte mía. Le dije que no se preocupara, aún estoy vivo, bromeé. Después de despedirme de ella con los tradicionales abrazos y buenos deseos, me quedé pensando en esta vida que soy. Vida que va de un recibo a otro, del pago de la renta a la espera de la que viene, deudas, peleas, borracheras y una que otra pérdida material. Esto acabará algún día, o alguna noche, me gustaría morir por la tarde, como en el poema.
También se trata mi vida de los libros que leo, por ejemplo, ahora leo "Historias del tiempo", de Jacques Attali. Tropiezo en el darse cuenta, el sentido soy yo, lo doy yo a las cosas que hago; en mis intereses, mis negocios, las amistades, los amores y los odios, en cada paso que doy hay una dirección, un propósito, una búsqueda, y a veces no hay nada. La muerte le pondrá fin a todos estos asuntos que me definen. Mientras tanto...
¿Qué pasaría si muero hoy? ¿Quién terminará de leer los libros que dejé inconclusos? ¿Mis deudas serán perdonadas? Y los amigos, ¿llorarán por mí? Puedo imaginarme el problema que será para mis parientes, el pago del funeral, la caja de muerto, la sala y el café que siempre se toma en estos eventos. ¿Habrá música en mi velorio?
Tantos pendientes y tan breve existencia. Hoy morí en el sueño de mi hermana, pero pronto llegará la vigilia fúnebre y tendré que decir adiós sin decir adiós, el despertar en la no existencia. Pronto quiere decir incertidumbre, "ahorita me muero sin darme cuenta". Se habla mucho de la cercana relación del mexicano con la muerte, aunque creo que es todo lo contrario, como vecinos enemigos la queremos tener junto a nosotros para que no nos sorprenda, y nos sorprende la muerte. Hay miedo y hay hambre, sé que así es, voy a desayunar mientras puedo.
Es de que
Mi casa un montón de polvo es
y este cuerpo que soy polvo será
Polvo todo lo que toco
Polvo son mis sueños
Las esperanza de polvo está hecha
Arriba de mis libros
En el lomo, canto y pasta
En mis párpados polvo
Polvo que fue civilización
Polvo en las orillas del ser
Polvo mis palabras
Dios y polvo final.
y este cuerpo que soy polvo será
Polvo todo lo que toco
Polvo son mis sueños
Las esperanza de polvo está hecha
Arriba de mis libros
En el lomo, canto y pasta
En mis párpados polvo
Polvo que fue civilización
Polvo en las orillas del ser
Polvo mis palabras
Dios y polvo final.
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