jueves, 24 de mayo de 2018

Voces, personas y lo que importa

Oigo voces en mi cabeza, espera, no son voces, son gritos, es el señor del pan que pasa todos los días a las siete, puntual. ¿El país explota y tú estás escribiendo poemas de amor? En cada oficina, por muy pequeña que sea, manda un Peña Nieto. Aquí se premia la ineptitud. Reclaman justicia, el puño izquierdo arriba, pero con la mano derecha abofetean a sus esposas, amantes, hijas... subordinados al grito de guerra, sí, es un culero, nos trata mal, pero paga a tiempo. Las y los ciudadanos-ciudadanas quieren igualdad, abajo las clases, mañana no hay. Pero cuando le decía al conserje "oiga, está sucio el baño", él me respondía que ya había terminado su turno. O esas horas perdidas en el salón de clases porque al maestro se le hizo tarde, pretextos-cimientos, el profesor se negaba a soportar a un montón de cabrones (y cabronas) que no leen ni el reverso de la pasta dental. Total, a él le llegaba su cheque cada quincena, le llegaba. Educación primero al hijo del obrero, ¿y si este hijo de obrero no quiere estudiar? Educación después al hijo del burgués. Oye, el muchacho es un genio, habrá que darle una oportunidad. Respondió que el más moreno es el más oprimido y escupió en el blanco. Les cuesta maternidad, o sea, vale madres. Jamás hubo corrupción en la universidad, son las autoridades, malditos. ¡Nos han quitado la oportunidad de estudiar! ¿Y los libros? Mentira que muchos profesores/investigadores sólo estaban ahí por el dinero, ellos son los más comprometidos con la institución educativa que hoy naufraga en una cola de banco. La culpa es de todos, menos mía. ¿Culpa? Muy cristiano, deja de hablar en esos términos, tenemos que movernos en un contexto en donde los policías sepan leer. Ojalá que la montaña venga pronto, habrá que tapar este hoyo. ¿Ojalá? Evita meterte con el profeta, la virgen, el aguacate, el tratado de libre comercio, la ley de inseguridad inferior. Deja en paz a la paz, guerra, guerra en el himno nacional. Nunca van a entender que este mundo está hecho por y para los poderosos, pinches nacos, indios estúpidos, jodidos porque quieren, malnacidos, camioneros incultos, albañiles y medias cucharas, lamepitos, mugrosa, ésa ni hablar inglés sabe. Democracia, el valor de la opinión, señalan los mocos que se asoman en la nariz del santo, mancillan lo puro, ellos, los que están sentados en las oficinas, ellos, los que están del otro lado del buró. ¿Qué opina, señor que está sin quehacer en esta banca, sobre los maestros que reclaman su pago? Creo que son unos huevones. Gracias, señor, son importantes sus palabras aunque sea usted un Don Nadie. Mientras tanto, en algún rinconcito cerca del cielo, un sobre con el aguinaldo se abre, mil, dos mil pesos. ¿Ahorrar? Jamás. Mi primo está con el PRI, me aseguró que habría trabajo para nosotros con esto de la elección. Este año ganará Obrador, ahora sí vendrá el cambio que tanto esperamos. Mi amor, tráete la coca de dos litros, estoy viendo el fut, ándale, gorda, no te hagas pendeja. El amor salvará a México, el amor salvará, el amor.

Él, tú, yo soy muy uei, nada entiendo, pero hay un dios que todo lo ve y no usa lentes para el sol.

Le saca brillo a la plaza

José Juan Tablada, poeta de gran calado, escribió a propósito de los limpiabotas, en la antología general “De Coyoacán a la Quinta Avenida” se lee lo siguiente: “Bolero, según el diccionario, es todo lo que sigue: Novillero, el que hace novillos o se huye. Escarabajo, que hace bolas donde mete los huevos. Persona que por oficio baila el bolero. Aire popular español cantable y bailable. Chaquetilla de señora. En Uruguay, caballo delantero. En Honduras, sombrero de copa. En el Perú, boliche. En Colombia, faralá. En México, limpiabotas. El bolero es, pues, el que menos debe abogar por una sociedad sin clases, por la sencilla razón de que hay muchas clases de boleros!”.

Las plazas y sus boleros, estos morelianos que se dedican a limpiar el calzado de los demás ganan muy poco, sí, y sin embargo aman su oficio, en él han encontrado el solaz para sus vidas, e incluso la hacen de confidentes.

Lonas verdes, una estructura de metal desarmable, el asiento en lo alto, los periódicos y revistas que no pueden faltar, cepillos, el trapo que chifla, productos para darle brillo no sólo a los zapatos, sino que la plaza misma luce luminosa con estos personajes que son parte importantísima de la escenografía moreliana.

Ramiro Jaramillo tiene 14 años en el oficio de bolero, antes trabajaba en la Plaza de Armas, al lado de Catedral, pero por diversas (sin)razones tuvo que trasladarse al Jardín de las Rosas, también en el Centro Histriónico de la capital michoacana; cobra la boleada a $25 pesos, la más barata, pero no siempre hay chamba: “Es difícil saber cuánto gana uno, algunos días sale, luego escasean los zapatos para limpiar, tengo poco tiempo aquí, aún no me acliento, me reubicaron de la Plaza Principal”.

Ya había hecho migas con sus antiguos clientes, la confianza de la costumbre, mientras don Ramiro Jaramillo les dejaba como nuevos sus zapatos, los usuarios le hablaban de mil cosas y él escuchaba, las penas, aventuras de amor o los proyectos que nunca se realizarían; el bolero termina haciéndola de psicoanalista, en este diván no se manchan los calcetines.

Trabaja casi los 365 días del año, es su único empleo, debe cuidarlo, más ahora que la cosa está que arde, al mal tiempo, cacles limpios : “Sólo descansaré el año nuevo, todos los otros días estaré aquí, esperando a que caiga algo”.

Listo, joven, ¡como nuevos!

Gossypium noctis o el Flaco Rabelais

El hombre, parado frente al espejo, separa las semillas de los meses: junio, octubre, diciembre, aunque parecen, no son los mismos, cada uno de ellos tiene su propio proceso de desgranado, hay que tener cuidado con la bisinosis, respirar es importante. Al final, la fibra blanca aparece y los recuerdos están listos para arroparnos.

Las imágenes del campo algodonero convierten en niño, otra vez, a Juan García Chávez. Sus abuelos son las estrellas que acompañan al satélite natural cargado de luz solar, con la luz que no es suya pero ilumina el montículo que cuida Juan, no vaya a convertirse el trabajo de tantos días en "Algodón de luna".

Flaco perro callejero, fajado como los meros machos, con lentes, plumas en el bosillo de la camisa y un libro como mejor amigo, Juan García Chávez se sumerge en los misterios de la cantera. Desde 1974 llegó a estas tierras y aún anda por ahí escarbando preguntas en las bibliotecas, hurgando entre los pliegues del haber sido.

Nació en Gómez Palacio cuando corría el año de 1957, pero algo ha pasado con esa tierra que lo cubrió de algodón lunar; difuminados, los paseos infantiles aparecen con signos de interrogación: "ciudad donde quedó mi niñez/niñez lejana que poco recuerdo".

Quizá ocurrió que tanto lo atrapó Morelia, que él la convirtió en su ermita, Juan es un fraile, pero muy al estilo de Rabelais, detrás de su quijotesca figura vive un gigante insaciable: "Camino la ciudad cuadrada/oblicua con mi inseparable/sombra/con ella vago como/un ermitaño aspirando/la pátina rosa que empaña/un diálogo de campanas".

"Algodón de luna", así se llama el libro que se terminó de imprimir el 15 de octubre de 2016 en los talleres de la Impresora Gospa; el prólogo lo escribe el filósofo Marcos Edgardo Díaz Béjar y las atinadas ilustraciones, así como la portada, son de Pedro López Cortés. 500 Ejemplares de esta edición que estuvo al cuidado de Carmen Mireille y su enjuto autor.

El poeta me obsequió su poemario para que poetizará mis noches con su lectura, para que escribiera sobre su poética mirada. Poema, poeta y lo poético. Juan García Chávez, todo un personaje desde esta óptica que desgastan los años y que provocan las erratas que tan humanas son: "Juan has envejecido/no eres ya el niño mayor/quien en la olla de barro/menea/menea y menea/el atole para sus hermanos".

Dividido en dos, Algodón de luna y Niña yacente, el libro tiene 34 poemas ilustrados con dibujos en tinta negra. La primera parte, homónima y nostálgica, nos muestra a un Juan García Chávez chamaco, no por la edad, sino por su juego de saltar sobre los siglos, sí, ya son plural, aunque el poeta no es tan viejo como los cerros y los abuelos, el ir y venir lúdico que añora: "abuela siempre presente/de mis recuerdos del ayer".

La otra parte, la de la pequeña enterrada en algún oscuro pensamiento, contiene poemas eróticos. Por esta razón cachonda decía yo que Juan García Chávez me parece muy cercano a Rabelais; en el magro fraile hay algo perverso que contagia y uno quiere acompañarlo, de noche, por esos callejones donde el poeta rindió pleitesía a la vulva del amor: "brisa nocturna que galopa/en nuestras desnudeces/donde queda/y ahonda la sustancia/gemas moribundas/caídas en tu sexo/sexo plegado al sendero/que ya no camino".

Finalizo estas palabras a propósito de "Algodón de luna" con una oración que todos deberíamos entonar, más en estas fechas donde el frío nos acaricia las entrañas, algo de calor y poesía para saborear la fugaz sazón de los días: "Ruega por el atole/ruega por los roscos/ruega por los tamales".

En el cielo, una hermosa mañana

Entre puestos de cañas, fritangas, fayuca y mucha comida chatarra avanzan los religiosos, algunos compungidos, con el rostro inclinado, otros van alegres, mirando al cielo con fruición; el ruido de los futbolitos, equipos de sonido y los juegos mecánicos no merman la fe y la esperanza de los guadalupanos que visten a la usanza indígena, con pantalones de manta, rebozos y huaraches, todo indica que la celebración de la Virgen del Tepeyac está muy cercana.

"La Virgen de Guadalupe es esa larga caminata en donde nos encontramos unos con otros", dice Doña Isabel, anciana sonriente que se trasladó, una parte del trayecto a pie y otra en carro, desde San Juan Nuevo Parangaricutiro a la capital del estado para hacer una primera parada en San Diego, templo ubicado frente a la plaza que luce la estatua ecuestre de José María Morelos, la octogeneria sabe que el 12 de diciembre debe estar en el Tepeyac.

Estas visitas forman parte de las peregrinaciones decembrinas que se dirigen hacia la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México, aunque a veces, por falta de recursos y tiempo, los fieles locales sólo viajan hasta Morelia para hacer demostración de su fe guadalupana: "Venimos a pagar una manda, le pedimos a la virgencita que sanara a mi mamá de un cáncer en el pecho, ella está bien ahora, logró vencer a la enfermedad con ayuda de la morenita, por eso acudimos toda la familia a rezarle sus rosarios y a traerle sus veladoras, y también al indio Juan Diego, porque él fue quien trajo el mensaje", habla Juan Asunción, padre de familia que avanza de rodillas por la Calzada Fray Antonio de San Miguel.

En Morelia se encuentra la extrapolada iglesia de San Juan Diego, como ahora es nombrada por los más de sus visitantes, este recinto sagrado en realidad fue hecho por los franciscanos en honor a Diego de Alcalá, seguidor de il poverello d'Assisi y santo desde 1588. La confusión, la ignorancia o simplemente la falta de interés ha hecho que se tomen "costras por ostras", pero a pocos les importa el dato duro, la verificación de la información, la mayoría de los que están ahí sólo se preocupan por agradecerle, o pedirle, a la Virgen de Guadalupe por los favores obtenidos en 2017. Los michoacanos tienen su pequeña basílica en San Diego.

Cada año miles de personas acuden a este templo moreliano para rendirle pleitesía y adoración al Cuauhtlatoatzin, o como muchos lo llaman, a veces despectivamente, "el indio que vio a la virgencita", quien es adorado por extensión del culto a la Virgen de Guadalupe, no se entendería el uno sin el otro. Fue Juan Pablo II quien beatificó, 1990, y canonizó, 2002, a Juan Diego, santo mexicano que tuvo la visión guadalupana, el mensajero de la madre de dios, de la Virgen Morena.

1531 es el año en que se supone apareció la Virgen de Guadalupe, o al menos en eso coinciden varios especialistas (católicos). La Tonantzin, que es el nombre náhuatl que quiere decir "madrecita", fue analizada por Fray Servando Teresa de Mier, o al menos el mito oficial. Después muchos estudiosos se encargaron de desmentir a Servando, y así por lo siglos del papel, amén y amor. Lo cierto, aquello que no se puede negar, es el fervor del pueblo mexicano hacia la Morenita.



Panchito

En las vigas de mis ojos
tengo una hamaca colgada,
en ella descansa tu imagen
que siempre será recordada

Paja por todos lados
en este cuarto amueblado,
parece que estamos bien
aunque no hayamos triunfado

Los refranes son muy viejos
y los cerros reverdecen,
Panchito murióse ayer,
hoy sus sueños ya no crecen.

No te vaya a suceder lo que al alcalde de Lagos

Existe una suerte de estigmatización territorial muy chabacana que trasciende generaciones: los de Monterrey son avaros; cuídale las manos a los chilangos; seguro es narco, nació en Culiacán; no hay nadie más grosero que los jarochos ni más mojigato que los de Guanajuato, "vamos a Cotija que son buenos cristianos y por no perder la sangre se casan primos hermanos", por mencionar sólo algunos ejemplos de esta clasificación peyorativa.

Estas singularidades resaltadas forman parte de anécdotas que intentan demostrar lo acertado del dicho en cuestión. En la narración la exageración tiene el papel principal, mofarse de las desventuras de los habitantes de tal o cual lugar, definir con esto la idiosincrasia local, se ridiculiza al extremo el error del prójimo; los enemigos de los aludidos, generalmente los pueblos vecinos, se encargan de difundir las historias en donde la estupidez, la maldad, la manía y la necedad tienen el papel principal: "Pulgas, lujo y miseria, bienvenidos a Morelia".

Imposible desmentir tales afrentas al carácter de la región señalada, la barda de los años impide mirar la verdad. ¿Quién puede asegurar que Alejandro se paró frente a Diógenes y que éste le pidió que no le hiciera sombra como escribe el otro Diógenes, pero Laercio? ¿Cómo verificar la altura del hoyo donde cayó Tales?

Alfonso de Alba escribió "El alcalde de Lagos y otras consejas", libro que versa sobre "las características privativas" que le atribuyen a los habitantes de Lagos de Moreno, Jalisco, tierra de Mariano Azuela y Pedro Moreno, insurgente que fue abatido en paños menores. Este texto apareció por primera vez en 1957 y su autor explica en la Introducción que concibió la idea del mismo después de leer "Vidas imaginarias" de Marcel Schwob.

"El alcalde de Lagos y otras consejas" está divido en dos partes, la primera contiene los cuentos irónicos en donde Diego Romero triunfa como comediante involuntario. La segunda sección de este libro rastrea el origen y causas de las consejas y analiza uno por uno los escenarios de las mismas, saca sus conclusiones: "Y si bien es cierto que el resentimiento de pueblos circunvecinos engendró la costumbre de atribuir anécdotas, consejas, 'alcaldadas', a los habitantes de Lagos, también es cierto que el tener que padecerlas trajo consigo a los laguenses un pernicioso complejo de inferioridad".

El alcalde Diego Romero mete la cabeza en la pila del agua bendita porque su condición política así lo demanda, no le basta una santiguada; para quitar un nopal de la torre de la parroquia manda construir un andamio y luego sube en él a un buey que devorará la cactácea; este mismo templo es muy castigado por el sol que llega a gran parte del interior, el señor Romero pide a los habitantes de Lagos que empujen la mole unos metros y así evitar al astro rey, las beatas tienen una mejor idea, sacar el sol con chiquihuites. En y para fin: "No te vaya a suceder lo que al alcalde de Lagos".

Puñeta

—Esta navidad las piñatas estarán vacías— reflexionó José, antes de sorberle ruidosamente a su café americano, dos cucharadas de azúcar, crema en polvo.

—Ya no es piñata, es puñeta— agregó Melchor, siempre atento pero con muchas ganas de dar por terminada esta conversación forzada, producto del ir pasando y encontrarse con una sonrisa más o menos familiar. 

—Es la segunda quincena que no nos depositan, seguramente con el aguinaldo pasará igual, ni cómo hacerse ilusiones; los regalos esperarán, queríamos ir a Ixtapa con los chiquillos, ahora tendremos que apretarnos el cinturón. 

—A mí nunca me han dado aguinaldo, pero aún así disfruto el olor de las llantas quemadas en las tradicionales fogatas, la pólvora de los cuetitos, el ponche de pura guayaba con charanda, los parientes borrachos y los recalentados como pretexto para que un montón de gente que casi no frecuentas vacíe tu refrigerador. 

—Sí, tienes razón, estas fiestas son para estar unidos con la familia, perdonar y ser perdonado, olvidar las antiguas rencillas, abrazar a los hermanos, besar a los hijos, compartir la cena y la bebida con el vecino, no hay que ser tan negativos, Pepe, en otros países están peor, ya ves en Venezuela. 

—Todavía no hace frío para tanta chaqueta, apenas es primero de diciembre. Mesero, la cuenta, por favor. 

—¿Te vas tan pronto? Ni le tomaste a tu capuchino— José no la vio venir y quiso retener al antiguo compañero de estudios, pero era demasiado tarde, el comentario político fue la estrella en el arbolito navideño. 

—Había olvidado que encargué el niño Jesús que faltaba para el nacimiento que pongo en mi casa, me lo entregarán en catedral, a las seis, es una señora que contacté por facebook, muy puntual, lo siento, yo pago esto. Me saludas a María, ¡felices fiestas!