Este cuerpo se retuerce como personaje de alguna pintura de Max Beckmann. Las pústulas que hay en él son la acumulación de experiencias negativas y necesarias, distribuidas sin orden aparente, en algunas partes en claro congestionamiento. Las plantas de los pies están negras, los ojos rojos, la orina amarilla. Los colores de la salud son los mismos que los de la enfermedad. El dibujo del mal está trazado por un niño ciego. En la boca un sabor a metal, llagas en el paladar. Los ganglios inflamados, comezón, no poder dormir. Este cuerpo no pide paz, quiere sentir la escala cromática del dolor.
jueves, 9 de octubre de 2014
Abro los interminables candados que te tienen preso. Sigues ahí, como si nada hubiera pasado. No te veo feliz, la libertad es un engaño que se repite, ya me lo has dicho muchas veces. Me pierdo perdiéndote entre la gente que va haciendo poco caso del secuestro de las palabras. Te veo en la esquina, acostado, buscando otra perspectiva de las cosas. Arenas, Arenas, Arenas. También estás en el camión que va para Torreón Nuevo, eres el chofer y manejas mal. Una nube nos llueve, a ti en tu tumba y a mí en mi cárcel. Ubicuo Reinaldo, me sigues a todas partes, inspiras a esta cabeza loca que tiene piojos vegetarianos, me dejas ver las flores de la luna y disfrutar junto a ti de este mundo alucinante. Reilando Arenas antes del alba.
jueves, 18 de septiembre de 2014
Amiga, en tu casa las ventanas son televisiones y están todas apagadas. Cuando me asomo a las cubetas de agua tú ya estás despierta. Qué bueno es poder tener las cosas y no usarlas. Toco el saxofón de tu timbre a pesar de que estoy adentro. Comienza la fiesta con las peleas de los vecinos. El café ya está servido. Libretas de recados hacen las veces de poemas registrados. El café ya está frío. Una lámpara es el mayordomo. Trapeador, escoba, la limpieza de los trastes. Aunque es temprano estamos ebrios. La hora de comer es el simulacro del apocalipsis, sopa aguada. No tengo hijos, tengo deudas. Arroz con huevo. Veinticuatro, sesenta, doce, trecientos sesenta y cinco, bisiestos abrazos nos damos. Amiga, ya me voy, los domingos pagan doble si uno más uno son dos.
Qué leo
Qué leo (sin comillas porque son multitud): Corydon, Prometeo desencadenado, André Gide y la poética de la homosexualidad. El mundo alucinante, Antes que anochezca, El asalto, Reinaldo Arenas y la imaginación que viaja en una isla hacia no se sabe dónde, croquetas que se pegan en el paladar. Los tacos de ubre también se leen. Un redoble muy largo, Manuel Echeverría cuenta la historia de México en el siglo XX a partir de la relación laboral de los dueños de un circo y sus trabajadores. La tienda de la esquina también tiene clásicos ilustrados. La señal, Inés Arredondo, incesto en verano. Un moco embarrado en el mantel como la novela del año. El orden caníbal, Jacques Attali, de cómo la medicina es el negocio más inhumano. Libretita de apuntes para seguir escribiendo. El hombre desplazado, Todorov se desdobla y se vacía para dejarnos ver adentro de su desarraigo. Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Haruki Murakami puede ser David Lynch. Celebración nacional porque Rulfo toma fotografías a la naquiza. Rubaiyat, Omar Khayyam, el mejor de lo árabes karatekas. Alguien voló sobre el nido del Cuco, Ken Kesey produce películas viejas en donde los locos se hacen los cuerdos y los pieles rojas destruyen los juegos de baño. El coloso de Marusi, Henry Miller más la Crucifixión rosada más los trópicos más una masturbación dubitativa. Artistas nómadas que te sacan la lengua. Dublineses, James Joyce y un gran signo se interrogación que se disfruta con cerveza. Las islas Marías y Pedro Infante. Los muros de agua, El apando, José Revueltas no se cansa. El optimismo óptico. Cándido, Voltaire. El asalto, otra vez Reinaldo Arenas y su última novela escrita desde el hospital. El café de nadie. El movimiento estridentista, Germán List Arzubide. ¿Águila o sol?, Octavio Paz. Infrarrealismo. Hojas de hierba, Whalt Whitman, pues el sexo lo contiene todo, pero en otro poema. Aforismos, Lichtenberg observa con lupa al animal que nada en una lágrima. El hombre en la ventana vende verdades baratas. Las edades de Lulú, Almudena Grandes, más allá del límite del placer. Ensayos, Miguel de la Montaña, intenta escribiendo y en el andar desvela. Autoconocimiento Volkswagen. La montaña mágica, Muerte en Venecia, Doktor Faustus, De la estirpe de Odín, Señor y perro, Thomas Mann, el fárrago iluminado. El tiempo de arriba y el tiempo de abajo, qué horas son cuando te enfermas. Médico de cuerpos y almas, Taylor Caldwell, los best-seller pueden ser clásicos, acá Lucas te receta un remedio para el espíritu. Los de abajo, Mariano Azuela inventó al PRI. Confabulario, Bestiario, Palindroma, Juan José Arreola, las capas, las muchachas y el histrionismo. El cazador de tatuajes, Juvenal Acosta viste de negro y vive en Frisco. La Biblia, varios autores que se pelean entre ellos. Lot, tú eres el más ganón. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes Saavedra, que no le cortaron la mano, sólo la tenía inmovilizada. El burro pensante, Dulcinea y Rocinante. Gargantúa y Pantagruel, Rabelais, gigantes fornicadores. Más vino. Macario, Bruno Traven, el cuento Amistad, bolillos arrojados a los perros, no como alimento, sino como arma. Bajo el volcán, Malcom Lowry, le dijeron que no fuera a ese bar, la vida es una borrachera. alcoholismo y adivinación. La jaula de la melancolía, Roger Bartra, contra Paz, a favor del axolotl. Atropellos ontológicos. La cámara lúcida, Roland Barthes, lo que la imagen parece y lo que aparece en ella. La captura, Oë Kenzaburo, rurales japoneses ven por primera vez a un negro. El paraíso en la otra esquina, Mario Vargas Llosa, Gauguin y su abuela, el derechista Mario alguna vez hizo buenas novelas. Sífilis en la pluma. Pasado negro, La novela murió, El salvaje de la ópera, Rubem Fonseca, el humor y la cinematografía hechos libros. El cazador de jaguares, Lucius Shepard, cuentos fantásticos para comprender la realidad. Milagros de vida, J. G. Ballard, y todo lo que este buen hombre escriba. La ciencia ficción del aquí y ahora. El arco y la lira, Octavio Paz, sí, Octavio Paz, el ladrón. Pedro Páramo, El llano en llamas, Juan Rulfo, tenía que aparecer, aunque prefiero a Francisco Tario. Es que somos muy lindos. Confieso que he vívido, Pablo Neruda, la confesión como género, dice la filósofa. Ni lo que digo, Ricardo Yánez, ¿qué son los cigarros de mota? Sobre el suicidio y otros ensayos, David Hume, la causalidad de unos pantalones vaqueros. Mundo del fin del mundo, Un viejo que leía novelas de amor, Historias marginales, Luis Sepúlveda, viajero que enseña a volar a los gatos como gaviotas. Ignominia, Juan José Ryp, cartones de la distopía. Cinismos, Michel Onfray, pensamiento de la acción y hedonismo materialista. Recuerdos de la casa de los muertos, Fiódor Dovstoyevski, sólo la puntita en Siberia. El nacimiento de la tragedia, Nietzsche, por aquí hay que comenzar para volverse loco. Historias del Kronen, José Ángel Mañas, historia de la movida española. Manual de zoología fantástica, Jorge Luis Borges, sin olvidar a Margarita Guerrero. El túnel, Ernesto Sábato, trilogía de los bajos fondos de Buenos Aires. El juguete rabioso, Roberto Arlt, manual para hacer bombas. Imagen primera, Juan García Ponce, relatos de la desolación. Fenomenología del relajo, Jorge Portilla, es que ya nadie pone atención. Varios, Artaud, las piramides mexicanas giran sobre su propio eje. Confesiones de un payaso, Heinrich Böll, es que a veces uno se da cuenta de que no sirve para nada esforzarse. Mi último suspiro, Luis Buñuel, la biografía como pornografía. Filosofía y poesía, María Zambrano, a las orillas del lago de Pátzcuaro. El arco y la lira, otra vez Octavio Paz golpeando mujeres (metáfora). Filosofía del pedo, Anónimo del siglo XIX, libro esencial para entender la flatulencia. La poesía en la práctica, Grabriel Zaid, se puede vivir poetizando la cotidianidad desde una máquina de hacer sonetos. La tierra de Canaán, Isaac Asimov, la historia amena contado por un divulgador de la ciencia ficción. Cartas a Manuel Rodríguez Lozano (1927-1930), Antonieta Rivas Mercado, mujer todopoderosa. Patología del ser, Elegía de los tríangulos, Ramón Martínez Ocaranza, el poeta que no tiene ni un pelo de tonto. Mi caballo, mi perro y mi rifle, José Rubén Romero, no confundir con Jesús Romero Flores. Mitología tarasca, José Corona Núñez, el poniente es femenino. Billy Bud, marinero, Bartleby, Herman Melville, preferiría no hacerlo. Cuentos, Trilce, César Vallejo, peinado porque ser humano. Cartas de relación, Hernán Cortés, el malquerido. Memorias, Fray Servando Teresa de Mier, la virgen de Guadalupe y las momias de Guanajuato. Misericordia, Benito Pérez Galdós, un esencial en la narrativa, en especial esta novela que expone la mafia de los pordioseros, véase El vampiro de Düsseldorf de Fritz Lang. El perfil del hombre y la cultura en México, Samuel Ramos, es que somos muy chiquitos. Las flores del mal, Baudelaire, uno de los citados y no leídos por las multitudes enanas. El nombre de la rosa, Umberto Eco, la risa como veneno. Julieta, Marqués de Sade, piensa mal y acertarás. Historia del Ojo, Bataille, no confundir con Historia de O de Pauline Réage. Cuentos héticos, Francisco Hinojosa, lo wur tú deberías hacer es leer a Kant. Las memorias de Adriano, Opus Nigrum, Marguerite Yourcenar, escritura de altura, si la historia fuera una alacena. Ana Karenina, León Tolstoi, el deseo no puede esperar. El amante, Marguerite Duras, mestizaje y lluvia. Confesiones, San Agustín, si no me preguntas sí sé de qué se trata. Narraciones extraordinarias, Edgar Allan Poe, el agua pantanosa en donde nada la creación. Drácula, Bram Stoker, peste como civilización. De perfil, El rock de la cárcel, Final en la laguna, José Agustín, un chale sin chacos. Chin-Chin el teporocho, Armando Ramírez, escritor y boxeador. La poética, La física, La política, Aristóteles, ya qué. Los anuncios oportunos del periódico. La peste, El extranjero, et al, Camus, con alguno tenía que acabar este vómito informativo.
El borracho ha perdido el dinero
nuevamente-malamente-tontamente
toca la puerta de la reconciliación
llora pidiendo perdón a la esposa
llora buscando un rincón ratonil
lloró en sus pantalones
a las ocho de la mañana
los vecinos se dan cuenta
que los matrimonios no funcionan
cuando los hijos llegan
antes que el amor.
nuevamente-malamente-tontamente
toca la puerta de la reconciliación
llora pidiendo perdón a la esposa
llora buscando un rincón ratonil
lloró en sus pantalones
a las ocho de la mañana
los vecinos se dan cuenta
que los matrimonios no funcionan
cuando los hijos llegan
antes que el amor.
lunes, 25 de agosto de 2014
El método anal
Hoy en la mañana fui al mercado con Raquel y mi perro. Todo iba bien hasta que un pit bull, aparentemente sin dueño, se acercó y se la hizo de jamón al Fuchi, así se llama mi perro.
Fuchi es un perro mediano, en realidad no sé si sea de alguna raza, tal vez de la raza cósmica, vasconceliano. El punto es que el pit bull se lanzó al cuello del Fuchi con la intención de matarlo, quizá tenían alguna rencilla antigua, una novia en disputa.
En el desmadre la pierna de Raquel quedó enredada con la cadena de paseo. Tiró varias cosas del puesto de quesadillas en donde estábamos desayunando, inclusive el tanque de gas fue a dar al suelo. Un señor se fue sin pagar y la quesadillera gritaba desesperada "¡Mis cosas, no agarren mis cosas!", pero era demasiado tarde, su establecimiento nómada había sido destruido por la rencilla canina.
Con dificultad pude quitar la cadena de la pierna de Raquel, pero las mandíbulas del pit bull estaban destrozando el cuello de Fuchi, al menos eso creímos por la escena de terror que tenía paralizado a medio mercado de los jueves, todo esto sucedió en Prados Mueres.
Les aventaron agua fría, les dieron patadas, golpes varios, amenazas e insultos, nada de lo que hacía la gente hacía efecto, parecía que Fuchi moriría en las fauces del desconocido animal.
En eso estábamos cuando Raquel dijo "¡Métele un palo por el culo!" Agarré la escoba del puesto de quesadillas y le metí la mitad del instrumento de aseo en el ano del pit bull, la mitad por el lado del mango; inmediatamente el gandalla soltó al Fuchi. Éste se salvó milagrosamente, el collar de cuero no permitió que los colmillos llegaran a su cuello.
Estoy sorprendido por la solidaridad de la gente, pero también enojado por la actitud del dueño del pit bull, muy irresponsable y culero eso de dejar que su perro ande por ahí matando a otros perros como deporte, la culpa no la tiene la mascota sino el que la educa. La moraleja de todo esto es que aprendí la técnica de pícale el culo, y bueno, el Fuchi está vivo.
Fuchi es un perro mediano, en realidad no sé si sea de alguna raza, tal vez de la raza cósmica, vasconceliano. El punto es que el pit bull se lanzó al cuello del Fuchi con la intención de matarlo, quizá tenían alguna rencilla antigua, una novia en disputa.
En el desmadre la pierna de Raquel quedó enredada con la cadena de paseo. Tiró varias cosas del puesto de quesadillas en donde estábamos desayunando, inclusive el tanque de gas fue a dar al suelo. Un señor se fue sin pagar y la quesadillera gritaba desesperada "¡Mis cosas, no agarren mis cosas!", pero era demasiado tarde, su establecimiento nómada había sido destruido por la rencilla canina.
Con dificultad pude quitar la cadena de la pierna de Raquel, pero las mandíbulas del pit bull estaban destrozando el cuello de Fuchi, al menos eso creímos por la escena de terror que tenía paralizado a medio mercado de los jueves, todo esto sucedió en Prados Mueres.
Les aventaron agua fría, les dieron patadas, golpes varios, amenazas e insultos, nada de lo que hacía la gente hacía efecto, parecía que Fuchi moriría en las fauces del desconocido animal.
En eso estábamos cuando Raquel dijo "¡Métele un palo por el culo!" Agarré la escoba del puesto de quesadillas y le metí la mitad del instrumento de aseo en el ano del pit bull, la mitad por el lado del mango; inmediatamente el gandalla soltó al Fuchi. Éste se salvó milagrosamente, el collar de cuero no permitió que los colmillos llegaran a su cuello.
Estoy sorprendido por la solidaridad de la gente, pero también enojado por la actitud del dueño del pit bull, muy irresponsable y culero eso de dejar que su perro ande por ahí matando a otros perros como deporte, la culpa no la tiene la mascota sino el que la educa. La moraleja de todo esto es que aprendí la técnica de pícale el culo, y bueno, el Fuchi está vivo.
Diputados locales narco satánicos
La colonia Prados Verdes no es un lugar muy recomendable para los turistas, no para esos turistas que viajan en familia, quienes vienen a esta colonia lo hacen con la intención de saciar sus más bajos instintos, es peligroso y más a las doce de la noche, el embotellamiento drogadicto y mañoso de la ciudad de Bombelia aquí tiene su cuello de botella, tráficopesado, a estas horas todo se puede conseguir, lo que uno quiera, desde un toque de mota hasta un riñón, mujeres, niños, delfines, todo. Y yo estoy aquí, caminando tranquilo en busca de algo, con la mirada precavida, poco a poco se me acercan los vendedores ofreciéndome su mercancía, ¿Qué vas a querer güero? Nada, busco al Brujo. Aguanta la vara, voy a preguntar si te puede recibir. El ambiente es oscuro, los focos del alumbrado público han sido quebrados a propósito, una calle es igual a la otra, así es más fácil escapar si hay alguna redada, pero casi nunca la hay, los mismos policías se surten aquí. Las risas y gemidos de las casas de citas llegan hasta mis oídos, me imagino a una gordita chupándome el pito. ¿Qué se te perdió güero? Brujo, necesito un favor, sabes que no vengo a tus terrenos por mero gusto, odio que las malas lenguas hablen de mí sin razón. Sin tanta mamada cabrón, ¿qué quieres? Estoy buscando información sobre el asesinato de la chavita que apareció en Tarímbaro, a la que violaron y desmembraron. Yo no me meto en esas chingaderas, soy decente, no me confundas con tu gente, esos patrones tuyos son a los que les gusta hacer sufrir para que se les pare el pito, ya están viejos los diputados. No sé de qué me hablas Brujo, yo ya no trabajo para el gobierno, ahora voy solo, por mi cuenta, pero sígueme contando más. No te hagas uei, tú bien sabes que esos cabrones son narco-satánicos, como el Adolfo de Jesús Constanzo, uno de esos viejos es su primo. Esto no lo sabía, y sí me suena el nombre de Adolfo, en los años ochentas hizo ruido, creo que fue en esos años, gracias por la pista brujo. Ten cuidado güero, esa gente te conoce y si te metes con ellos no habrá quien te ayude. Con estas palabras me despide el Brujo, no me da miedo. Sabía que a un grupo de diputados locales les gustaba hacer fiestas en las que sacrificaban animales y tenían orgías pero la muerte de la chiquilla fue demasiado, su padre, un profesor de la universidad, es una persona tranquila, ¿por qué hicieron sufrir de esa manera a la muchacha, a la niña? No entiendo, la autopsia dice que la violaron 60 veces. Y luego sus huesos rotos, cada dedo de las manos, de los pies, destrozados, los dientes arrancados, sin orejas, sin nariz, sin corazón. Tengo que resolver este caso.
Son las diez de la mañana cuando me presento ante López, un joven diputado izquierdoso que me debe algunos favores. Le platico mis sospechas y se indigna. ¿Estás loco güero? Cómo se te ocurre algo así, y justo en tiempos electorales, te pido que guardes silencio, no hagas públicas tus sospechas. Entonces dame información, si tus colegas están limpios no diré nada, pero si no me ayudas hoy mismo mando una nota a los periódicos, y sabes que lo puedo hacer. Güerito, sólo te pido que no vayas a decir que yo te dije algo, porque me madreas y te madreo, así funciona: Hay una reunión que se hace cada año entre todos los partidos, regularmente se sacrifica a algún animal grande, pero este año por las elecciones creo que se les pasó la mano, pero es mejor dejar abierto el crimen, que se corra el rumor de que un marihuano la mató. Es por tu bien, si no te apreciara ni te diría nada y lo único que encontrarías sería la muerte, ándate tranquilo que ya lo sabes. ¿En serio? Muy bien López, tendré cuidado.
No lo tuve, descubrí el nombre de cada uno de los diputados narco-satánicos, encontré la casa donde se llevó a cabo el ritual sangriento, tenía las pruebas suficientes para que se arrestara a los culpables. Ahora estoy en una prisión de máxima seguridad acusado de haber cometido el mismo crimen que investigaba. Ten cuidado Güero, ten cuidado.
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