Un muchacho iba pasando por el frente de una casa cuando del interior salieron unos gritos horribles, parecía que estaban matando a alguien. El muchacho se quedó parado sin saber qué hacer exactamente, entrar o pedir ayudar, pero no se veía a nadie alrededor. A los pocos segundos un niño salió corriendo, lloraba y de su nariz salía sangre. El pequeño se escondió detrás del muchacho, acto seguido salió una mujer más o menos joven, traía en la mano una tabla, todo indicaba que era éste el instrumento con el había sido maltratada la víctima. Con la mano el muchacho le hizo la señal de que parara: "¿Qué te ha hecho el niño, mujer, por qué lo golpeas?", preguntó. Los ojos de la mujer se pusieron tan rojos como la sangre que salía de la nariz del infante, le contestó al muchacho: "¡Es mi hijo, hago con él lo que quiero, tú no te metas, sigue tu camino si no quieres salir afectado!". Aunque por un momento el muchacho pensó que la mujer tenía razón, una madre puede reprender a su hijo, inmediatamente borró este pensamiento, no existía travesura tan terrible para que mereciera tal castigo. "Mujer, creo en lo que me dices, tú eres su madre, sin embargo ya es suficiente, no puedo permitir que sigas golpeándolo, te denunciaré con las autoridades del pueblo, estás cegada por la ira, ¿cuál fue el crimen de tu hijo, por qué tanto odio? No me moveré de aquí hasta que contestes y te calmes". La señora se enfureció más, se lanzó con la tabla hacia el muchacho, éste la inmovilizó y le quitó el arma de madera, ya en el suelo le torció los brazos porque la mujer se movía como poseída, puso la rodilla en su espalda, sin golpearla. En ese momento salieron los vecinos del lugar, vieron la escena y, sin pensarlo, se abalanzaron contra el muchacho, el niño había huido aprovechando la confusión. La mujer les dijo que él la había sometido, que la quería violar y otras mentiras, los justicieros cada vez eran más, algunos no sabían ni porqué estaban ahí maltratando al muchacho, simplemente seguían a la muchedumbre enardecida; lincharon al joven, primero lo golpearon hasta cansarse y luego le prendieron fuego, para que aprenda, dijeron. La mujer continuó en la caza del hijo con tabla en mano, castigarlo era el objetivo.
Mostrando entradas con la etiqueta cuentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cuentos. Mostrar todas las entradas
sábado, 7 de mayo de 2016
miércoles, 31 de octubre de 2007
Viólame y suicídate (A karen bach)

Odio y amo. Por qué lo haga, acaso
preguntas.
No lo sé; siento que lo hago, y me
atormento.
Catulo.
Me detengo en el puesto de películas piratas, agarro una película, Viólame (Baise-moi) de Virginie Despentes. Veinte pesitos, joven, es original, para adultos (susurrando). La vi hace unos años, comienzo la charla con el vendedor que ahora habla con alguien más. Despentes, además de dirigir, escribe el guión junto a Coralie Trinh Thi. Mi interlocutor hace como que le interesa lo que estoy diciendo. Aja.
Sigo. Karen Bach interpreta a Nadine, Raffaêla Andersson a Manu. Las dos fueron actrices porno antes de que hicieran esta película. ¿Y usted cómo sabe eso? Me gustó la película y busqué información sobre ella. Karen Bach, creo que en 2005, cinco años después del estreno de Baise-moi, se suicidó en un apartamento de París. Tsss.
He captado la atención del vendedor de películas. Karen se casó muy joven, su esposo le propuso hacer porno casero. Justo cuando su matrimonio fracasa, como cualquier otro matrimonio, Despentes le ofrece el papel de Nadine. Ella creyó que no volvería al porno (¿era porno aquel proyecto de la directora Virginie Despentes?). Viólame no es únicamente sexo frontal. Historia de venganza, amistad y una pizca del picoso sinsentido.
Karen Bach, la que se suicida, le da vida a una cansada prostituta que se fuma la hierba de su compañera de casa. Nadine y Manu van por el paquete completo: sexo más asesinatos. Casi lo he aburrido, el vendedor saca su celular. Creo que la despedida de Karen Bach sólo cierra el ciclo de Viólame. Muy interesante, jove, mire, encontré esto en Google. Me muestra fotos de Karen. Insisto en mi punto. Para que se cerrara el círculo, era necesaria una afirmación, el sí al suicidio que no concretó Nadine en la película. Está feo de suicidarse, joven.
Antes de que la atrapen, Nadine tiene la esperanza de terminar con su vida de una vez por todas, Manu está muerta y su cuerpo es devorado por las llamas, casi aprieta el gatillo, pero la interrumpen, sobrevive, la obligan a sobrevivir. Karen Bach lo dejó para después. En el departamento de uno de sus amigos parisienses ingirió una dosis de pastillas fulminantes. Dios la tenga en su gloria, joven.
Miro la portada que tengo en mis manos, Karen Bach (¿o es Nadine?) apunta con el arma. Lo único que se podía dar a sí misma: la muerte. Avanzo hacia otro puesto, otra plática, otro tema. ¿Entonces no la comprará, joven?
Etiquetas:
colectivo,
cuentos,
gatos que se mueren,
muerte,
Relatos
miércoles, 5 de septiembre de 2007
La cena
Te miro a los ojos y me pregunto a qué hora te irás, salir de aquí, a qué hora me iré yo. Sé que no somos el uno para el otro, trivial fórmula del desencanto. Estamos separados por una liga imaginaria que, mientras más la estiro, más verdadera y dolorosa se vuelve, liga castigadora. Esta liga se ha partido en pedazos inalienables, tú y yo. Y para que esto encuentre un mejor sin sentido, cenamos. Una tontería que nos tragamos todos las noches a la hora de la cena, un te amo, frío como el café. Escribiremos poemas que leerán los adolescentes enamorados de la luna, aunque en estas noches la luna huye.
Te digo buenas noches y tú dices lo mismo, automática, como si no hubiese otra frase nocturna para desearse. Nada cambia, hasta mañana.
Etiquetas:
¿qué?,
consejos para no ser viejo,
cuentos,
Disculpas,
etcétera
De las mieles del pensamiento femenino contemporáneo o ¿es bebé o es popo?
No sabía qué sentir, qué hacer. O cagaba o abortaba, qué hacer en la espera, he aquí la disyuntiva, mi panza crecería como sandía, rima fea. Pensaba sentada en la taza del baño. Veinte minutos y contando, cronómetro de la desesperación. No me gusta la primavera ni el verano. Calor en las axilas, el bosque suda. Cuerpos que se separan, otros que van surgiendo de la nada. Novio urgente para pasar el rato, la masturbación aburre. El imbécil de Alberto no pudo aguantarse la eyaculación (Coitus interruptus le dije), él es el responsable, el irresponsable del conducto seminal. Y yo que lo creí eso de la eminencia en el sexo. Recuerdos como tortura. Alberto Molina el nombre del simio. De la Ciudad de México: Estudio ciencias políticas y también soy poeta. Escuché media hora de sus "poemas" y después le propuse desvestirnos. Que sí, que yo no necesito condón; domino mi esperma, manejo el control, así como hacen los samuráis en las películas de Kurosawa. Mil veces idiota, yo, otra vez confiando en los hombres y sus tontas referencias, anacrónicas e infantiles, que si el marxismo, que si Nietzsche. Retortijón y no sale nada. Quiero ser sincera, confieso: me gusta el pene, demasiado, pero me gustaría más solo, sin el estúpido paquete que lo porta, el armatoste sin sentido que se llama hombre. Sin él. Pene con patas, nada más. Cuerpo carnoso y venoso, rosado y palpitante. Ahora es ahora. Veintitrés minutos. Sin remedio y sin Alberto, no está, ya no está, nunca estuvo. Pobres de los hombres que no saben lo que tienen hasta que lo ven embarazado, huyen porque no saben enfrentar las consecuencias de sus actos. Calma. Relájate. ¡Hijo de su puta madre una y otra vez, y otra vez hasta que le zumben las orejas y se le hinchen los huevos y le exploten como granadas de Morelia! Todo esto es su culpa y ni siquiera me habla. El baño y la gotera. Yo. Sola. Embarazada y estreñida. No me baja y tampoco puedo descargar los intestinos. ¡Ah! Gases, pedos, flatulencias, niño o niña. Silencio que se rompe por los pensamientos piedras. Lo que engendro en mi panza, este error inevitable causa de la incontinencia seminal, se niega a morir, ya tomé las pastillas pero algo me dice que no están haciendo el efecto que buscaba. Me duele el estómago, esto de ponerle fin a una vida en proceso es muy difícil. Desesperación (por si las dudas: ¡ayúdame virgencita!). Movimiento interno, algo adentro llega a su fin. Pasan minutos como arena en la clepsidra. No, no es que no me gusten los niños, pero los disfruto de lejos, en visión panorámica. Mi madre dijo alguna vez que en su época era muy doloroso, instrumentos punzocortantes; ahora con el milagro del cytotec es más fácil. Duele, el dolor se quita con marihuana, eso comentó una amiga que es experta en estos trámites, también sirve el paracetamol con coca. Ya, está pasando. Siento el líquido y huelo el color rojo, algo explotó dentro de mí. Carmín espeso con grumos marrones. Al mismo tiempo, en el mismo instante, como si estuvieran de acuerdo ambas evacuaciones, la mierda sale de mí. Terminó por esta vez. Ser mujer es muy complicado, ¿por qué dios se habrá ensañado tanto con nosotras? Treinta minutos. Jamás lo haré sin condón, he dicho, lo juro.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

