sábado, 7 de mayo de 2016

Es posible

No me alcanzarían las palabras para nombrar todas las injusticias del mundo, tendría que estar escribiendo el día entero, cada minuto, cada segundo. Y después vendría la pregunta ¿para qué tanta letra amontonada? Yo también he dañado a los demás: insulté, peleé, robé, maltraté, engañé a los amigos, familiares, a la personas que amo, a veces sin razón, sólo por ver sufrir a los otros. Si por algo me indigno ante los asesinatos ocurridos no es tanto porque me pueda tocar a mí sino porque yo puedo hacer algo parecido, este malestar es hacia adentro, contra las profundidades de lo que soy; tengo la (dis) capacidad de estrangular a alguien, poner una bomba en un aeropuerto o violar a una niña, por terrible que suenen estas violentas sílabas la maldad es parte de lo que somos. La miopía moral nos lleva a cometer actos estúpidos, la creencia ciega en algo (religión, política, deportes, etcétera) nos motiva a la destrucción, es cierto; pero otra parte vive en mí, en ti, en él, espera cualquier pretexto para activarse, es esto lo que me da más miedo. Esta gente que comete los actos que hoy todos aborrecemos son muy parecidos a nosotros, no creo que se les note a simple vista lo criminal. Recuerdo los personajes de Sade: filósofos, sacerdotes, científicos, empresarios, y también pobres, porque ser desgraciados no nos hace mejores personas. El mal es posible y hasta deseable, ¿por qué?

La tabla

Un muchacho iba pasando por el frente de una casa cuando del interior salieron unos gritos horribles, parecía que estaban matando a alguien. El muchacho se quedó parado sin saber qué hacer exactamente, entrar o pedir ayudar, pero no se veía a nadie alrededor. A los pocos segundos un niño salió corriendo, lloraba y de su nariz salía sangre. El pequeño se escondió detrás del muchacho, acto seguido salió una mujer más o menos joven, traía en la mano una tabla, todo indicaba que era éste el instrumento con el había sido maltratada la víctima. Con la mano el muchacho le hizo la señal de que parara: "¿Qué te ha hecho el niño, mujer, por qué lo golpeas?", preguntó. Los ojos de la mujer se pusieron tan rojos como la sangre que salía de la nariz del infante, le contestó al muchacho: "¡Es mi hijo, hago con él lo que quiero, tú no te metas, sigue tu camino si no quieres salir afectado!". Aunque por un momento el muchacho pensó que la mujer tenía razón, una madre puede reprender a su hijo, inmediatamente borró este pensamiento, no existía travesura tan terrible para que mereciera tal castigo. "Mujer, creo en lo que me dices, tú eres su madre, sin embargo ya es suficiente, no puedo permitir que sigas golpeándolo, te denunciaré con las autoridades del pueblo, estás cegada por la ira, ¿cuál fue el crimen de tu hijo, por qué tanto odio? No me moveré de aquí hasta que contestes y te calmes". La señora se enfureció más, se lanzó con la tabla hacia el muchacho, éste la inmovilizó y le quitó el arma de madera, ya en el suelo le torció los brazos porque la mujer se movía como poseída, puso la rodilla en su espalda, sin golpearla. En ese momento salieron los vecinos del lugar, vieron la escena y, sin pensarlo, se abalanzaron contra el muchacho, el niño había huido aprovechando la confusión. La mujer les dijo que él la había sometido, que la quería violar y otras mentiras, los justicieros cada vez eran más, algunos no sabían ni porqué estaban ahí maltratando al muchacho, simplemente seguían a la muchedumbre enardecida; lincharon al joven, primero lo golpearon hasta cansarse y luego le prendieron fuego, para que aprenda, dijeron. La mujer continuó en la caza del hijo con tabla en mano, castigarlo era el objetivo. 

21 de marzo, día de los asesinatos

Vaya manera de festejar el día (dizque) internacional de la poesía; aquí en Morelia fueron asesinadas cuatro menores de edad hoy lunes veintiuno de marzo de dos mil dieciséis. Tres fueron víctimas de su propia madre, las mató a martillazos, esto es lo que se sabe hasta ahora; la otra niña, de doce años, había desaparecido un día antes, "vivía" cerca de mi casa, su cadáver fue encontrado en Tarímbaro. Habrá quien diga que son casos aislados, que nada tienen que ver con una situación de violencia generalizada, que todo está bien. Yo pienso que estos actos son otros de los síntomas de una sociedad enferma, tal vez la patología le venga de nacimiento, de su apestosa naturaleza, los intentos de guardar las apariencias han fracasado. En uno de mis momentos más misántropos, y quizá como un movimiento verdaderamente poético, deseo con todo el corazón que este mundo, el total de relaciones descompuestas, desaparezca de una vez por todas. Qué lejos de la humanidad nos encontramos, qué pinche vergüenza pertenecer a esta raza de hienas.

De como se disculpa un ebrio por los platos rotos

Pido disculpas a todas las personas que insulté el viernes "pasado", ya sea de palabra, obra u omisión, lamento sinceramente el que no hayan aprovechado para quebrantar mi mandíbula y/o las otras partes que me constituyen. Tengo problemas con los barbitúricos mezclados con alcohol, por eso le embarro pegamento cinco mil a mi carrujo de marihuana, aunque lo mejor es no salir, en mi cuarto soy feliz, no sé para que insisto en compartir con los otros. Entiendo que no entiendo cuanto mi trato se vuelve maltrato, no quise escupir ni mentar madres, simplemente pasó, era mucha la saliva en mi boca. También quiero expresar mi odio profundo a todos esos malnacidos hijos de puta que me dicen que me calme. Muchas gracias por su atención y hasta el próximo fin de semana.

Poelesía

Poesía y policía, tan cercanas.

Genuflexiones del autoconocimiento

1. Quiero cambiar, dar lo mejor de mí, pero disfruto mucho el ser un hijo de la chingada, me ganan las ganas de molestar al personal en turno.

2. Soy escritor, es a lo que me dedico, aunque eso de que la inteligencia y la claridad me acompañan es un infundio.

3. No asocio la idea de artista con la de intelectual, y mucho menos la de intelectual con la de "buena persona".

4. Mi dactilomegalia y mi pie plano son nada frente a la cara de estúpido de mi prójimo.

5. El mayor de mis defectos tiene que ver con la imposibilidad del suicidio, o sea, falta de voluntad.

Fue un error haber nacido o del no irse limpio

Soy una fe de erratas
Dios es mi corrector de estilo
Mala sintaxis mi existencia
El perdón demasiado tarde

Al otro día cuando nadie lee
Aparecen las letras pequeñas
En la página tal, donde dice...

En el principio fue el verbo mal conjugado
Pero se fue a impresión sin revisar
Por eso tengo acentos en donde no
Le faltan preposiciones a lo que soy.