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domingo, 2 de octubre de 2016
Era
Era un poeta tan malo, pero tan maleta, que escribía versos sobre su bragueta.
Otra del soy o ¡ay, ay, ay!
Desgraciado soy, eso mero. Es somero mi compromiso con la vida, un charco no sólo poco profundo, sino apestoso. Un pez feo, pero comestible; el hocico chato, las espinas en mi espalda, escondido en el fondo de algún mar provinciano. Refugiado en la casa que no es mi casa, que nunca será mía, jamás tendré algo propio porque el banco ya le ha clavado el diente a la poca comida del plato que me prestan. Abro el refrigerador de mi haber sido, ya todo está descompuesto, pasado. En la alacena de mis recuerdos sólo tengo un frasco de vidrio, vacío, por cierto. Me siento en la silla que chilla, me recargo en mi brazo (espero que éste sí sea mío). Introspección del tropezón existencial. Dejé a hijos sin padre, sin abrazos, ni siquiera un regaño para darles. Rompí los condones porque mi miembro es de cerdo, el sexo me gusta para decir adiós. Tengo la marca y no está registrada, la maldición en mi sangre nada, lo único positivo que traigo es la enfermedad. Los hermanos y hermanas se han encargado de extender la peste de nuestro apellido. Mi madre abandonada de mí se emborracha en las cantinas, hurga en las braguetas de los borrachos, busca amor y sólo encuentra propinas. Y el padre del padre irresponsable que soy huye, otro paria mal parido, concatenación del odio, árbol de la metástasis. Sin embargo, me muevo, arrastro treinta y tantos años de crítica sin auto, voy en bici y todavía no la he pagado.
Peróxido de hidrógeno
Tenía podrido el corazón, sus ojos eran funerales, se llamaba mundo. Sigue sin recordar cuál era esa canción. ¿Todavía hay niños con bombas en las manos? Preguntó uno de tantos policías, ¿todavía? Imagen: Los jóvenes emprendedores se bajan los pantalones en las oficinas de sus patrones; hay que quitar las rimas involuntarias, no va bien con el estilo del texto. Sueldo es el verdadero nombre de la dignidad; esto no va hacia ninguna parte, no va, se queda sin explicar quién es el sujeto, los tiempos no concuerdan, y, por si fuera poco, ayer fue domingo. Puta, así le gritan a la que antes era virgen. Y en la esquina hay un cadáver esperando el camión de la resurrección.
viernes, 17 de junio de 2016
Como cuando el gato no se moría
Te amo con todo mi corazón encarcelado, estas palabras me parecieron las precisas para comenzar la carta que te escribo desde Mil Cumbres, ignoro si algún día la leerás, seguramente será revisada por ojos ajenos, pero me ilusiono pensando que son los tuyos los que se posarán sobre este montón de letras que intentan ser un abrazo, un beso de esa boca que hoy siento tan lejana. ¡Basta Cristina!, me digo para no hacerme caso, porque aquí sigo, escribiendo lo que pasó aquel veintiuno de marzo, mi crimen de primavera. Supe que los vecinos quemaron la casa esa noche, según ellos fue para eliminar las malos espíritus, gente estúpida sin vida propia, les di motivos para hablar, un poco de emoción en sus aburridas vidas. Cholita la de la tienda me lo contó, ha venido a verme tres veces, ella entiende: "son cosas que pasan, mija, nadie está libre de tropezar"; me confesó que varias veces estuvo a punto de hacer lo mismo, aunque ella nunca tuvo el valor, yo también la comprendo. Te extraño más de lo que te extrañaba antes, y bueno, el encierro conduce a la melancolía.
Asesiné a las niñas para que estuviéramos juntos, sólo los dos, solos en la soledad de la pareja, sabes que me gusta mucho la poesía, a ti nunca te gustó, no importa, lo dijo Cholita, no somos perfectos. Creí que si ellas se iban tú regresarías, fallé en mi cálculo. Aunque no me arrepiento de nada, arrepentirse es hipócrita, lo hice y ya. Estaba harta del llanto y los berrinches, no podía más con las peleas por el control de la televisión, que si las muñecas, la caca del perro, la tarea. Sin ti hasta el pan con leche de las ocho me daba náuseas, el papel de mujer resignada me venía muy mal, era demasiado para alguien como yo. El trabajo me volvía loca, la rutina me comía las ganas: maestra por la mañana, dentista por la tarde, mamá de noche. Y lo peor era que todo me alejaba de ti. Tú te ausentaste porque ojos que no ven, y ya ves, ahora soy una mala madre, loca e insensible, bruja del demonio, me he convertido en una historia nota roja, en una primera plana que nadie recordará después de dos semanas, cuando ocurra alguna otra tragedia. No quería que nuestras hijas sufrieran, en serio, les ahorré miles de penas, simplemente no llorarán más, comparado con lo que les esperaba, lo sé, sangre fría. Si hubieras estado para detenerme, tampoco es que te culpe, ni siquiera sé dónde estás ahora, te digo que te amo sin saber si leerás esto, con tu presencia las cosas serían de otro modo. Tarde es, anocheció en la esperanza, sigo con este poetizar lo horrible.
¿Que cómo las maté? Las llamé a la sala y les dije que tenía preparada una sorpresa para ellas, la condición era que se tiraran en el piso y cerraran los ojos, se emocionaron tanto. Acostadas por tamaño, en orden descendente, de grande a chica: Ana, Lucía e Itzel, con sus diez, ocho y seis años, se veían tan bonitas. Primero les di fuerte en el cráneo con el martillo que saqué de tu herramienta, dejaste tantas cosas; para que no se escaparan les rompí las rodillas, tuve que actuar rápido pues los gritos las asustarían más, no soy una insensible, además de que no quería llamar la atención de los vecinos, tú sabes lo chismosos que son. Se convulsionaban del dolor, no hubo resultados, ninguna de las tres murió al instante como lo había planeado. Decidí repetir la dosis, cabeza y nuca, incluso garganta. Sus cuerpos se retorcían como si hubieran recibido una descarga eléctrica, pero la muerte no llegó.
A Lucía le tocaron más martillazos, tal vez porque siempre fue la más gritona, o quizá por gordita, dicen que la grasa les amortigua los golpes, pobrecita. Le di tan duro como pude, utilicé la parte del martillo con la que se sacan los clavos, la piel se le desgarró, la policía encontró jirones de piel. Es muy difícil matar a alguien, el cine nos engaña. Como cuando quisimos dormir al gato que nos envenenó la vecina, a pesar de que estaba moribundo no cedía, tuviste que romperle el cuello, es que tú eres más fuerte, yo soy débil, siempre lo fui. Por eso utilicé la bufanda que me regalaste, la morada con elefantes, cómo me gustaba esa prenda, no me dejaron traer nada a la cárcel. Tardó como veinte minutos en dejar de respirar, pobre Lucy, se aferró tanto a la vida, la ahorqué durante cinco minutos o más, o no sé, uno pierde la noción del tiempo, ¿por qué mejor no les di veneno como al gato?
Anita vio morir a sus dos hermanas más pequeñas, no se movía, era una espectadora muda, quedó como desmayada, con los ojos abiertos, me dio miedo verla así. Cuando asfixié a Itzel sentí que Ana quería decirme algo, tal vez sólo fue mi imaginación, de su boca salía sangre y en uno de sus estertores escuché la palabra mamá, ¿intentó detenerme? Antes de terminar con ella tomé un respiro, matar cansa, te digo que no es fácil ser un verdugo. Por un momento consideré dejarla viva, no por arrepentimiento sino porque las fuerzas me fallaban.
Después del breve descanso le dije creyendo que me escuchaba: "Hija, esto que hago no es malo, sólo apresuro lo inevitable, tu papi nos dejó y no quiero que ustedes repitan la historia de abandono que hoy vivo, te quiero mucho, mi chiquita", siguió empecinada en su silencio, parecía inerte, no parpadeó, sin embargo aún respiraba. Puse la bufanda en el cuello de Ana y apreté duro, con ella fue rápido, adquirí algo de experiencia. Mira lo que hice, estoy contando esto como si fuera cualquier cosa.
Texto que apareció en La Voz de Michoacán como parte de un cadáver exquisito.
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Visitas guiadas
Los museos son los zoológicos de la creatividad, parientes cercanos de los funerales, como si el arte se encontrara en peligro de extinción; se enmarcan y delimitan los espacios para que el público no le arroje comida al artista (a su obra), basta con una mirada y un comentario más o menos culto, una visita guiada para los neófitos. La mayoría se enorgullece de que existan estas vitrinas donde se le brinda culto al status quo de las épocas anteriores y también de las contemporáneas, pero en el fondo es sólo un paliativo frente a las cárceles y los hospitales. Sería preferible que los quemaran todos, la cultura es un fénix, ¿o no?
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sábado, 7 de mayo de 2016
Después de una fotografía de Cristina Bustamante
Qué soy, qué oración reza por mí, cuál es el camión de mi basura, cuál mi iglesia. En una visión panorámica ni existo, detrás del instante me escondo, después del darse cuenta voy, pasa a las seis de la tarde, me acomodo en el asiento de este avión y hago el zoom de ventanilla, veo hacia los lados y se me cae la baba sin querer, la nuca del vecino está empapada. Es que utilizo menos de la mitad del corazón, cerebro y lengua, no tengo larvas, sólo la promesa de que regresaré como gusano, como vómito del vómito de la tierra; quién es "ese ahí", soy yo, el Cri-Crí mal hecho, la abuelita lobo de Heidegger, el nopal embadurnado de citas. Una dura memoria que suena como maraca de recuerdos, soy un guaje con la melcocha del remordimiento. Hurgando el baúl de los gerundios ando, soy el que pregunta qué somos cuando en verdad quiere saber de él, de mí que soy él, del mismo diferente, pero uei, embarnecido el ego, con los testículos tibios por la duda, pero ey. Y responde el montón de deseos cachivaches, la acumulación de cosas innecesarias, la adulación del ser habla: Eres el mejor de los posibles. A esto se opone el rencor de las hojas blancas que quisieron ser cartas y fueron basura, me enfrenta la letra firmada y el abonero del destino, rayadas, tachoneadas de ira, las ganas se apoderan del micrófono e insultan a los invitados de lo que soy, cuartillas y cuartillas de carajos, al último solo, y ni me hago caso. Soy el mal que ronca, el bobo ladrón de los cristales del yo, el gordito de la bicicleta pedaleada, el del dedo grande, el dientón pretencioso, el de los aretes de plata y boxeador de vecindad. A veces no soy lo que soy, no pasé la prueba de Elisa, no entré en la selección natural, carezco de fe y me sobran los humos. También soy el que se renta para las fiestas de los pendejos (fui más joven), el que admira la celulitis de las papadas. Incómodo cuando ebrio, trifásico cuando borracho, drogado cuando no hay más. Si estoy todos me quieren cobrar, si no estoy tardo en darme cuenta. Pido en vez de saludar: Unas monedas de chocolate para este pobre diabético. Siempre he creído que mis chicharrones no son de los que truenan, tengo magra la que piensa, se me ha hecho agua la consciencia, señora: Se me ha muerto la gallina, cómo no voy a yo-rar.
Fotografía de Cristina Bustamante
Abusados
El primer abuso que sufrí fue cuando nací, no pedí existir, mucho menos tener un pene, si me hubieran preguntado les habría dicho que dos, uno negro y uno blanco, para defenderme de los acosadores. He sido víctima de las constantes agresiones hacia mi persona sólo por ser un poeta alfa con leves destellos de misoginia. Le tengo miedo al suicidio porque no sé si habrá alguien que se quiera propasar conmigo en el más allá, eso del diablo contra dios se escucha muy bullying. Me niego a morir. ¡Basta ya, estoy harto de la contradicción, exijo la cabeza de Enrique el Bautista en una bandeja de plata!
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Laboralia
¿Cuántas quincenas se necesitan para llegar a la felicidad? El tiempo se mide por depósitos bancarios, los abrazos y los besos son proporcionales al tamaño de la despensa, la renta no se paga sola. Las vacaciones sólo son un paréntesis y las prestaciones laborales una promesa que no se cumple. El esclavo por contrato quisiera que los fines de semana se prolongaran hasta la eternidad. A veces una hora en la rutina puede más que mil domingos. Trabajo como enfermedad.
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lunes, 14 de marzo de 2016
Problema número trescientos treinta y tres
Para Luis López
Espejos que escuchan absortos los cuestionarios de los ministeriales: conoce usted al retrato, en dónde estaba cuando la inversión de la imagen, para quién trabaja la dirección del reflejo. Los espejos, por supuesto que fueron los espejos, la culpa es de ellos, lo saben todo y guardan silencio. Los espejos son cunas, oráculos y tumbas. Lo que aquí ocurre ya ocurrió en los espejos, el mundo es espejo antes de ser mundo; geometría maligna que se adelanta a lo que será. Espejos que se divierten con la bestia de dos espaldas en los moteles, sin parpadear, iluminados de fluidos, vaho en el baño, la televisión prendida. Espejos que conocen los secretos de los esposos silenciosamente aburridos, la rutilante rutina, la vida convertida en intermitencias: tarjeta de crédito, un abrazo a los hijos, lavarse los dientes. Hacerse la raya en medio, ponerse las medias, echarse loción, pintarse los labios, del otro lado lo mismo. Si nadie observa el espejo lo ve todo. Espejos nuevos para un mundo nuevo. Espejos que no se hallan a sí mismos, ni lo harán. Espejos que lloran sangre. Campana de vidrio, espejos rotos, mala suerte charco de agua. Suicidarse dos veces, cortarse las venas con espejos. Fin por fin en el espejo es positivo. El espejo es el principio de los espejos, pero nadie sabe de dónde vino el primer espejo: Mercurio, España o los sueños. Qué desierto vive en los espejos, qué de cierto, capicúa.
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Martha Villalobos
De todos los seres del mundo,
criaturas y caricaturas,
te prefiero a ti y sólo a ti,
porque sabes lo que es sufrir.
Luchas a tres caídas,
sin límite de tiempo;
te arrojas desde las cuerdas,
das patadas voladoras,
combates por tus sueños
en el cuadrilátero del género.
Cacheteas al patriarcado,
a veces te creen derrotada,
cansada y sin ganas de nada,
pero tienes a Lilith de tu lado,
las brujas son tu hado.
Y cuando los otros se dan por vencidos
porque les aplican el bla bla bla,
la ominosa llave del discurso
que conduce a la rendición,
levantas el rostro y dices va que va;
tus poderosos brazos aplastan el falo,
entre gritos, porfavores y gemidos
aplicas la llave de la castración.
criaturas y caricaturas,
te prefiero a ti y sólo a ti,
porque sabes lo que es sufrir.
Luchas a tres caídas,
sin límite de tiempo;
te arrojas desde las cuerdas,
das patadas voladoras,
combates por tus sueños
en el cuadrilátero del género.
Cacheteas al patriarcado,
a veces te creen derrotada,
cansada y sin ganas de nada,
pero tienes a Lilith de tu lado,
las brujas son tu hado.
Y cuando los otros se dan por vencidos
porque les aplican el bla bla bla,
la ominosa llave del discurso
que conduce a la rendición,
levantas el rostro y dices va que va;
tus poderosos brazos aplastan el falo,
entre gritos, porfavores y gemidos
aplicas la llave de la castración.
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viernes, 26 de febrero de 2016
Judíos contra moros
Soy un pendejo
Soy puto
Soy uei
Y qué
Chingo a mi madre
Cien mil un millón
De veces con heces
Y qué
Te escupo y te pateo
Memeo
¿Te quieres meter conmigo?
Vaqueva
Que se arme
Me aviento
Quítome la camisa
Los tatuajes
Panza y risas.
(Sangre, madrazos, saliva, no mames)
Tambores
Muchos tambores
Me la pelan
Me la pelan
Cámara
Ya estuvo.
Soy puto
Soy uei
Y qué
Chingo a mi madre
Cien mil un millón
De veces con heces
Y qué
Te escupo y te pateo
Memeo
¿Te quieres meter conmigo?
Vaqueva
Que se arme
Me aviento
Quítome la camisa
Los tatuajes
Panza y risas.
(Sangre, madrazos, saliva, no mames)
Tambores
Muchos tambores
Me la pelan
Me la pelan
Cámara
Ya estuvo.
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Aceite
Es bien divertido burlarse de los demás, de sus filosofías, ídolos y tragedias, de sus logros y propósitos. Somos seres cómicos; todo en lo que creemos termina siendo, con el paso del tiempo, una payasada. Si de verdad fuéramos tan buenos como cacareamos, estaríamos en los hospitales y en las cárceles ayudando a los necesitados, o en la guerra contra el mal gobierno, muriendo por la causa. Pero no, todo lo contrario, estamos aquí discutiendo sobre el imperativo categórico hecho en China.
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martes, 23 de febrero de 2016
El Oyente
¿Es esto un diario arrancarse pedazos de oreja? El carro que pasa, su motor avisa, va el golpe 201 dB. Qué pasa calva baza, por qué te metes en mi cabeza con tu patológica conversación, no me interesa saber si tu tumor es más grande que una nuez y que te lo sacarán el viernes; y tú, la que va sentada a la derecha del chofer, maldita seas, maldita tu voz y el fruto grasoso de tu vientre: ¡quita el altavoz de tu teléfono! Máquinas con bocinas, perros ladrando, coches y motociclistas, el biciclista y su aguda campanita, tilín tilín. La ciudad es mitad autódromo, mitad rastro. Gritan como si los estuvieran matando, para qué nacen, para qué se casan y tienen bulliciosos hijos. También hablo de los run run: arrancan, se van sin decir adiós, son violentos necios tercos, atropellan, pasan por encima de uno, dos, tres transeúntes a la vez. Queda el eco del ruido y el rojinegro rastro de su paso: un daño irreversible en el asfalto, una marca gasto innecesario en la dermis del cemento. No alcanzan los oídos para este rugir tremebundo que es el mundo. Los actuales Ángeles del Infierno ya no traen dos llantas ni pañuelos en la cabeza, ahora utilizan el motor alterado de la cheyene del año: vayacorridos, nalgatón, semosmuchos, muyjuntos, juntititos. Hippies con tambores en la plaza, su mugroso sonido al que no se le puede decir que no, el berreo de la trova en los cafés casi parisinos, el badajo de las campanas que se une a la orgía sonora. Las charlas del bla bla, los murmullos in crescendo, el cuchicheo ubicuo, el escándalo como principio primordial. Vociferan los otros: "Escúchame, es que no me escuchas". Farmacias con bocinas para atraer a los sordos, botargas y muchachas que dan papeles publicitarios, el alboroto de la promoción. Multitudes yendo y viniendo, haciendo sonar sus zapatos contra el suelo, zapateado, y no a tiempo. Los sonidos extraños al masticar sus crujientes alimentos, la tiranía de la vulgaridad suena. Flatulentos oradores son parte del alboroto, todo proselitismo es un vocerío. Eructó esa bestia, éste de acá rechina los dientes, el de más allá le pega a la mesa. ¡El gas, el gas! En la noche es peor, las serenatas, el tren, las patrullas y ambulancias, hay una estridencia generalizada porque las esferas se rompieron, sólo queda el fragor de la melodía. ¿Oír? La lucha es contra la tranquilidad, aquello de que la muerte es el único descanso adquiere sentido si y sólo si el más allá es inaudible.
martes, 3 de abril de 2012
De refranes y decires están llenos los poetas
"¿A quién le dan pan que llore?"
¿Por dónde le dan ese pan?
¿Qué tan duro está?
¿Es relleno?
¿Qué panadero elaboró ese pan?
¿Y si les dan pan en un velorio?
¿Por dónde le dan ese pan?
¿Qué tan duro está?
¿Es relleno?
¿Qué panadero elaboró ese pan?
¿Y si les dan pan en un velorio?
lunes, 17 de octubre de 2011
sábado, 24 de octubre de 2009
Visión, Friedrich Hölderlin
Imágenes que la plenitud del día a los hombres muestran,
En el verdor de la llana lejanía,
En el verdor de la llana lejanía,
Antes de que la luz decline en el crepúsculo,
Y la tenue claridad dulcemente serene los sonidos del día.
Oscura, cerrada, parece a menudo la interioridad del mundo,
Sin esperanza, lleno de dudas el sentido de los hombres,
Mas el esplendor de la Naturaleza alegra sus días
Y lejana yace la oscura pregunta de la duda.
Poemas de la Locura, Friedrich Hölderlin.
Y la tenue claridad dulcemente serene los sonidos del día.
Oscura, cerrada, parece a menudo la interioridad del mundo,
Sin esperanza, lleno de dudas el sentido de los hombres,
Mas el esplendor de la Naturaleza alegra sus días
Y lejana yace la oscura pregunta de la duda.
Humildemente Scardanelli.
24 de Marzo de 1671.
Poemas de la Locura, Friedrich Hölderlin.
sábado, 3 de noviembre de 2007
Sobre la televisión, Octavio Paz
"La televisión no presenta signos, sino predominantemente: imágenes. El espectador es el testigo impotente de escenas que poseen una doble realidad: son hecho y son imágenes. El 'texto' que nos ofrece la televisión es irrefutable, no está compuesto por signos que se refieren a esta o aquella realidad, sino por imágenes que se presentan como si fuesen la realidad misma. La verdad es que esas imágenes son versiones o puntos de vista de un suceso, y por lo tanto, son opiniones; sin embargo, nunca aparecen como opiniones, sino como realidades.( ... ) Uno de los pilares de la democracia es la noción del diálogo; los medios modernos lo han desfigurado; el pueblo se ha transformado en público: un ente anónimo, sin cara, una masa maleable y voluble, dócil y cambiante.”
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